Conocerse es amarse



El enamoramiento hace que la persona de la que te acabas de enamorar te parezca hermosa, muy hermosa, en realidad nos parece la única del mundo. Cuando al cabo de los años odias a esa misma persona, resulta que nos parece espantosa, horrible. Y no nos damos cuenta de cómo la misma persona puede ser a la vez horrible o puede ser también la más hermosa. Curioso, ¿verdad? Eso nos puede hacer sospechar que la cuestión no está en la otra persona, sino que está en nosotros mismos. A veces pretendemos amar a los demás, cuando resulta que ni siquiera sabemos quiénes somos nosotros mismos. Creo que el amor a los demás ha de ser el resultado del conocimiento de uno mismo, por eso no puede haber amor por el otro, ni tan siquiera eso que se llama ‘caridad’, si antes no se conoce uno a sí mismo. Conocerse a uno mismo es amarse. Cuando uno se da cuenta de la profundidad y de la plenitud del amor por uno mismo, en ese momento se percibe con claridad que todos los seres vivos están incluidos en ese mismo afecto, en ese mismo amor. 



En la foto, mi hijo mayor camina sobre el tronco de un chopo caído en la ribera del río Duratón, cerca de Sepúlveda, provincia de Segovia. España. Hace siete años.

18 comentarios:

Anónimo dijo...

Enamorarse y odiar, odiar y enamorarse, ¿cuando saldremos de ese binomio? Si conseguimos salir de ese binomio será aprendiendo de verdad a amar. Amar con mayúsculas. A M A R.

GRACIAS.

Anónimo dijo...

La primera amistad ha de ser con uno mismo, y en muy contadas ocasiones encontraréis a una persona que sea amigable hacia sí misma. Somos enemigos para nosotros mismos, y en vano esperamos poder ser amigos de otros.
Se nos ha enseñado a condenarnos. El amor a uno mismo se ha considerado como un pecado. No lo es. Es el cimiento de los demás amores, su misma fundación. Solo a través del amor a uno mismo resulta posible el amor altruista. Porque el amor a uno mismo ha sido condenado, todas las demás posibilidades de amor han desaparecido de la Tierra. Ha sido una estrategia muy astuta para destruir el amor.
Es como si le dijerais a un árbol: «No te nutras a través de la Tierra; eso es un pecado. No te nutras de la Luna y del Sol y de las estrellas; eso es egoísmo. Sé altruista... sirve a otros árboles». Parece lógico, y ahí radica el peligro. Parece lógico: si queréis servir a otros, entonces sacrificaos; el servicio significa sacrificio. Pero si un árbol se sacrifica, morirá, no será capaz de servir a ningún otro árbol; no será capaz de existir.
Al hombre se le ha enseñado: «No te ames a ti mismo». Ese casi ha sido el mensaje universal de las así llamadas religiones organizadas. No de Jesús, pero desde luego del cristianismo; no de Buda, pero sí del budismo... todas las religiones organizadas han tenido una enseñanza: condenaos, sois pecadores, no valéis nada.
Y debido a esa condena, el árbol del hombre se ha encogido, ha perdido lustre, ya no puede regocijarse. La gente se arrastra de algún modo. La gente no tiene raíces en la existencia... está desarraigada. Intenta ser de ayuda a otros sin conseguirlo, porque ni siquiera ha sido amigable consigo misma.
Día a día. Osho

Anónimo dijo...

“Amor es lo que tenemos mi gato y yo: ¡no nos pedimos nada, y ni él quiere cambiarme, ni yo a él! Eso es el amor: estar contento con la existencia del otro, simplemente. No esperar nada de él.”

Un abrazo

Anónimo dijo...

"Si lográis no depender más de la presencia física de aquellos a quienes amáis, conservaréis para siempre vuestro amor y vuestra alegría. Dejaréis de estar sometidos a las circunstancias, porque viviréis en el único mundo verdaderamente real: vuestro mundo interior con el que formáis una unidad. En el momento que salís de vuestro mundo interior, sentís que los seres y las cosas os escapan, estáis a merced de los acontecimientos.¿Sabéis cuánto tiempo el ser al que amáis permanecerá a vuestro lado? No, quizás un día se vaya. Entonces, esforzaos en colocar vuestra conciencia en las regiones elevadas donde las circunstancias no tengan ningún poder sobre vosotros, allí donde el sol del amor nunca se pone. Lanzaos hacia la luz de este sol eterno. Mientras aquellos a quien amáis estén en vuestro interior, ninguna fuerza en el mundo podrá arrebatároslos."

Omraam Mikhaël Aïvanhov

Anónimo dijo...

Que argumento tan dificil, Raúl...
Lo que no se quiere a si mismo no deja tampoco que el amor entre en su vida. No le reconoce, también cuando es tan claro y limpio. Piensa que el amor sea algo distinto, lejano, dificil. Lo que pasa déspuès es la continua busqueda de algo que no se reconoce, con todos los terribles errores de esta hambrienta sensación famelica trae consigo. Por esta razon es muy importante la "educación sentimental" de los niños, la costumbre a ser amados, con palabras y gestos, y a no pensar que es una cosa rara de la cual no sabes nada y tienes que escaparte, siempre. Muy dificil, cuando tienes que recobrar todo esto de mayor...

Anónimo dijo...

No hay educación sentimental, ni educación emocional, ni se enseña a pensar, ni se enseña a dudar; tampoco se enseña a cuidar de un niño, ni a venerar a unos padres, ni se enseña a cocinar ni a comer una comida que nutra al cuerpo. Tampoco se enseña a cuidar del espíritu... ¿Qué se enseña? Todo eso que ya sabemos.

Pero de estas cenizas hemos de renacer.

Anónimo dijo...

No estoy hablando solo de palabras. Sí, por supuesto, nacemos y ya lo tenemos todo pero también vamos olvidando tan rapido como abrimos los ojos. Y es por esto que pasamos la vida a re-aprender todo.
Porque si no leer estas palabras escritas? Abrir conversaciones y abrirse a las relaciones con otros seres humanos? A que serviría buscar? Y los santos, los de cada día, los que nos sentan de lado?
No son palabras las que enseñan pero hay algo de donde aprender, también entre las palabras, y hay alguien siempre que puede enseñar. Por los menos yo quiero aprender y sigo aprendendo de esta manera.

Anónimo dijo...

El otro siempre me lleva a un autoconomiento mayor. ¿Estoy dispuesto a ello?

Anónimo dijo...

(1)
La idea de que si yo soy egoísta no voy a pensar en nadie más que en mí es la idea de creer que tengo un espacio limitado para querer, una capacidad limitada para amar a alguien, y que entonces, si lo lleno de mí, no me queda espacio para los demás.

Esta idea no sólo es absurda, sino que además es absolutamente engañosa. No hay una limitación en mi capacidad de amar, no tengo límites para el amor, y por lo tanto tengo capacidad para quererme muchísimo a mí y muchísimo a los demás. Y de hecho, desde el punto de vista psicológico, es imposible que yo pueda querer a alguien sin quererme a mí.El que dice que quiere mucho a los demás y poco a sí mismo miente en alguno de los dos casos. O no es cierto que quiere mucho a los demás, o no es cierto que se quiere poco a sí mismo.El amor por los otros se genera y se nutre, empieza por el amor hacia uno mismo. Y tiene que ver con la posibilidad de verme en el otro.Aquella idea tan ligada a las dos religiones madre de nuestra cultura, la judía y la cristiana, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, es un punto de mira, un objetivo de máxima.

No es amarás “más” que a ti mismo.

Es amarás “como” a ti mismo.

Esto es lo máximo que uno puede pretender.

Hay un cuento que trata de una muchacha llamada Ernestina.

Ernestina vivía en una granja en el campo.Un día, su padre le pide que lleve un barril lleno de maíz hasta el granero de una vecina. Ernestina agarra un barril de madera, lo llena de granos hasta el borde, le clava la tapa y se lo ata colgando de los hombros como si fuese una mochila. Una vez afirmadas las correas, Ernestina parte hacia la granja vecina. En el camino se cruza con varios granjeros. Algunos notan que hay un agujero en su barril y que una hilera de granos cae del tonel sin que Ernestina lo note. Un amigo de su padre comienza a hacerle señas para explicarle el problema, pero ella entiende que es un saludo, así que le sonríe y agita su mano en señal de amistad. De inmediato, los otros granjeros le gritan a coro:

—¡Estás perdiendo el maíz

Anónimo dijo...

(2)

Ernestina se da vuelta para ver el camino, pero como los pájaros han estado levantando cada grano perdido casi antes de que tocara el piso, al no ver nada, la niña cree que los vecinos bromean y sigue su camino.

Más adelante, otra vez un granjero le dice:

—¡Ernestina, Ernestina! ¡Estás perdiendo el maíz, los pájaros se lo están comiendo!...

Ernestina se da vuelta y ve los pájaros que revolotean sobre el camino, pero ni un grano de maíz. Entonces continúa su trayecto con el maíz perdiéndose por el agujero del barril.Cuando Ernestina llega a su destino y abre el barril, ve que aún está lleno de granos de maíz hasta el mismo borde.

Uno puede pensar que es sólo una parábola para estimular a los mezquinos a dar, para conjurar su temor al vacío, y que el cuento es sólo una alegoría.

Y sin embargo, respecto del amor, nunca me vacío cuando amo.Es mentira que por dar demasiado me pueda quedar sin nada.Es mentira que tenga que tener sobrantes de amor para poder amar.

Ernestina es cada uno de nosotros.

Y este maíz es lo que cada uno de nosotros puede amar.

La inagotable provisión de amor.

Esto es:

No nos vamos a quedar sin maíz para los pájaros si queremos llegar con maíz al granero.Ni nos vamos a quedar sin maíz para nosotros si les damos a los pájaros. No nos vamos a quedar sin posibilidad de amar a los otros si nos amamos a nosotros mismos.

En verdad, nosotros tenemos para dar inagotablemente, y nuestro barril está siempre lleno, porque así funciona nuestro corazón, así funciona nuestro espíritu, así funciona la esencia de cada uno de nosotros.
Jorge Bucay.

Anónimo dijo...

El amor hacia uno mismo también supone humildad, que es la autoexpresión del corazón y no del ego. La humildad dice: "Estoy abierto. Estoy dispuesto a escuchar. A escucharme y a escucharte". Todo aquello que nos sucede es una oportunidad de conocernos y vivir en el Amor.

Anónimo dijo...

‘Amaras al prójimo como a ti mismo’. El amor a uno mismo, es la afirmación de nuestro propio ser, y ofrece la forma y la medida para amar a todas las personas.
El amor a uno mismo, es una cosa natural y necesaria, sin la cual, el amor al prójimo perdería su propio fundamento y su propio significado.
Egoísmo y amor auténtico a uno mismo no solo no son idénticos, sino que se excluyen.

El hombre es querido y amado por Dios y su tarea máxima consiste en corresponder a ese amor. No se puede odiar lo que Dios ama. No se puede destruir lo que esta destinado a la eternidad. Ser llamados a amarnos a nosotros mismos, es ser llamados al amor de Dios, a la FELICIDAD y ser felices, es un deber HUMANO-NATURAL y SOBRENATURAL.

Anónimo dijo...

Para amarse a uno mismo, hay que conocerse a uno mismo.
Hay que valorar nuestros actos.
Hay que vivir experiencias.
Hay que conocer nuestros sentimientos.
Hay que re-educar nuestra mente.
Hay que sentir con el corazón y,
hay que crecer con nuestra ALMA.
¿Pero, es una tarea fácil?

Anónimo dijo...

Pues hombre , tarea fácil depende de para quien , pero si a esto tan serio y tan medido no le ponemos una pizca de sentido del humor para uno mismo y para los demás , el universo con Dios a la cabeza nos va a poner haciendo el pino para el riego sanguíneo y la oxigenación de la vida . Que parece que el drama es lo que nos dá " vidilla ".

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=ZS6gJtas5Go&feature=related


...Y cuando al fin comprendas del amor bonito...

Anónimo dijo...

La única oración que tal vez sea adecuda es ser uno mismo. Este tipo de oración se opone a la demanda de un cambio de cualquier clase. Es la oración de aceptación o SER. Ser uno mismo es todo lo que se necesita para el beneficio de TODOS. Ser Amor es la 'oración' más efectiva que hay e inspira a los demás a ser lo mismo. El hecho de conocer que uno es expresión de este Amor, que es expresión de Divinidad difunde esta expresión hacia el mundo.
Conocerse es amarse.
Conocer es amar.
Amar es conocer.

Anónimo dijo...

http://www.slideshare.net/Euler/conocerse-a-si-mismo

Anónimo dijo...

es perfecto, es luz y tambiés es oscuridad e imperfección. Es así.