Planes de futuro



Escucho en la radio a una joven y famosa actriz del cine español, también modelo. Oigo que habla sobre sus planes de futuro; los escucho con respeto, pero interiormente no puedo menos que esbozar una sonrisa. Dentro de esos planes hay uno que destaca por encima de todos, además de que es el primero que nombra. Lo lanza de sopetón: “¡Quiero tener un hijo!”. 

“¡Quiero tener un hijo! ¡Quiero tener un hijo…!” ¡Cómo suenan en mi cabeza estas palabras mientras cocino! ¡Cómo me asaltan estas cuatro palabras! ¡Cómo me movilizan! Tanto me movilizan que agarro papel y boli y pronto veo que sale algo parecido a una carta: 

Bella mujer, estimada amiga. Con todo el respeto quiero hablarte, pero también con toda la sinceridad de la que soy capaz. Creo que una cosa es tener un hijo y otra cosa muy distinta es ser madre. Hay mujeres que tienen hijos pero que no son madres, y hay mujeres que son madres sin tener hijos. Ser madre es algo que yo personalmente estoy empezando ahora a explorar y a entender en su verdadera profundidad, al igual que el hecho de ser padre; por eso ahora me atrevo a decirte: creo que tienes que intentar ser madre antes de tener un hijo. Serás madre cuando te puedas ocupar de alguien sin pedir nada a cambio; serás madre cuando antepongas al otro antes que a ti misma; aprenderás a ser madre cuando tú ya no te veas como la única cosa que existe en el mundo.

Bella mujer de los escenarios y de las pasarelas, supongo que es fruto de una demanda inaplazable de la biología, o fruto de una excesiva juventud, o de una juventud excesiva,  que te encuentres diciendo a los cuatro vientos: “¡Quiero tener un hijo!”. A estas alturas de mi vida no me sale decir una cosa así; primero porque ya sé que los hijos ‘no se tienen’, si acaso son ellos los que nos tienen a nosotros; segundo, porque siento que no puedo exigirle nada a la vida. Un hijo viene si la vida quiere, si la vida te lo da; incluso aunque te hagas tratamientos de fertilidad y otro montón de cosas más, como la vida no quiera, no hay hijo que valga. Un hijo poco tiene que ver con el “tener” y el “poseer”; un hijo es sobre todo “dar” y “entregar”. 

Para añadir un poco más a esta breve carta improvisada, te diré que dudo mucho que la vida te haga entrega de esa interminable lista de cosas que acabas de pedir, lo dudo mucho; más bien creo que te mostrará algo clave: tus ‘expectativas’ no se van a cumplir. ¿Por qué? Porque son unas expectativas formuladas desde el ego, incluso es la soberbia la que las dicta. Entiende que te diga estas cosas, están dichas con todo el afecto, pero también con toda la contundencia. Ahora pensarás que quién soy yo para decirte nada. Efectivamente no soy nadie. Pero sí te hablaré un poquito de cómo he aprendido a mirar la vida: nunca pensé en tener hijos, nunca los vislumbré, nunca imaginé cuándo ni dónde ni con quién ni de qué manera. Ellos llegaron. Todo en mi vida ha llegado así, no sólo los hijos. Vivo en estado de rendición. No es una rendición pasiva, es una rendición activa. Me he hecho con unos ojos para ver aparecer las cosas, no son ya los ojos que alguien puede tener para ver cumplidos los planes que traza la mente. Yo no soy el que planea y proyecta, soy el que confía mientras espera. Camino en soledad interior mientras voy mirando al cielo. No me considero ejemplo de nada ni ejemplo para nadie, solamente soy uno que encuentra gusto en compartir. 

Una última cosa: antes de ‘tener’ un hijo, aprende a ‘tenerte’ a ti misma. No tengas a nadie si aún no sabes tenerte y sostenerte en todo tu ser. No invites a nadie a venir como huésped si aún no conoces la casa en la que estás viviendo. Ponte a conocer la morada de tu alma, date tiempo para entrar en el templo de tu cuerpo, casa de tu corazón. Y abre puertas y ventanas. Entrará la luz. 

Con todo el afecto. 

Un fuerte abrazo.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Estos juicios en forma de consejos no sirven de nada. Sencillamente, sólo cierran más la puerta a la llegada de la integración.
El desear ser madre se trata de un aprendizaje, eso es todo.
¿No es valioso que a través de esa experiencia encuentre recursos ocultos que afloren al chocar con las dificultades?
Los hijos suponen la realización de lo que los padres no han sabido darse.
Si el crecimiento esta en aprender, tener experiencias y estar dispuesto a explorar la propia realidad interior preguntándote qué es lo que me gustaría llegar a ser, la maternidad forma parte de ese crecimiento.
“Son expectativas formuladas desde el ego, incluso es la soberbia la que las dicta.”
Tanto el ego como la soberbia no pueden desaparecer por que necesitamos de ellas para actuar en este plano. Nunca dudemos de su valor. Son sólo desfiguraciones de aquello que verdaderamente andamos buscando.
¡Basta ya de llamarlas “frenos espirituales”.

Anónimo dijo...

Magnífico apunte, con consejos y sin ellos.
Gracias.

Anónimo dijo...

Este apunte como todo el libro que da título al blog, como los anteriores libros, los anteriores blogs, no pretenden sentar cátedra. No están aleccionando a nadie. ESTÁN SIN MÁS. PARA TODO EL QUE SE ACERQUE A ELLOS. CON MIRADA CRÍTICA, INCRÉDULA TAL VEZ, Y PARA LOS QUE RELEAN SUS PALABRAS CON LA SECRETA ESPERANZA DE ALIVIAR SUS ALMAS HERIDAS, MIREN EN EL ESPEJO DE SU ESCRITURA Y SE DEN CUENTA DE QUE NO ESTÁN SOLOS. SUS ANHELOS Y SUFRIMIENTOS SON IGUALES O PARECIDOS A LOS DE ÉL... A LO MEJOR NO SIRVEN DE NADA PARA MUCHOS. PARA OTROS MUCHOS ´¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ...! EL PORQUÉ ES MUY SIMPLE, LAS VIVENCIAS DE RAÚL, LAS VIVENCIAS DE ESTE SER HUMANO ESTÁN CONTADAS DESDE LA HUMILDAD, LA SENCILLEZ Y PRENTENDEN UNIFICAR ALMAS, SENTIMIENTOS. NO SON DOGMAS. NO SON DOCTRINAS. NO SON CONSIGNAS SECTARIAS. Demostrar que se puede, que es posible ver, actuar, comprender, volver a comenzar, caer y levantarse. Diferenciar entre ver o mirar, escuchar y oír. Crear conciencia. Probablemente todos los demás no tenemos las cualidades necesarias, para publicar y para expresarnos como Raúl. Puedo dar testimonio, de que leer lo que escribe, es estar oyendole hablar. Conozco a sus hijos y el trato que les dispensa. La armonia que reina en sus casa y en sus personas. Efectivamente, no se puede dar a otro, lo que no tienes para ti. En ocasiones,los hijos sólo son deseos egoístas, moneda de cambio, inconsciencias y "accidentes", como muchos los llaman.

Los consejos están para darlos, no para aceptarlos.
Música para este apunte...

http://www.youtube.com/watch?v=MnWYM9eUrZo

Anónimo dijo...

Se dice en un comentario anterior que "tanto el ego como la soberbia no pueden desaparecer porque necesitamos de ellos para actuar en este plano..."

Puede, no digo yo que no, puede que necesitemos de ellos para actuar en este plano. Lo que ocurre es que cantan mucho cuando aparecen, se hace pesado convivir con ellos y vemos que son frenos que muchas veces nos impiden avanzar.

Anónimo dijo...

Los hijos son esos regalos de la Vida que nos llegan y nos llenan pero no son nuestros. Así lo siento cuando ahora reflexiono sobre ello. Tal vez cuando los anhelamos, es porque nuestra alma se está preparando para el encuentro con ellos, por la proximidad del encuentro.
Quiero pensar que hay una sabiduría que planifica por nosotros; esa sabiduría, nos hace vivir la experiencia para lo que ya estamos preparados, o nos va preparando para mejor vivirla.

Bueno sería que la viviésemos sin precariedad, aportando como padres nuestro mejor saber y amar. Bueno sería que hubiésemos accedido previamente al manantial de vida que brota en lo más profundo de nuestra alma; a conocernos y a amarnos para afrontar con plenitud esa vivencia y de esa forma pudiéramos volcar ese sentir a lo que llega. Si así ocurriera, en ese momento se plasmaría en nosotros el estado de rendición activa y de plena confianza que no desearía, que simplemente aceptaría lo que va llegando.

Pocos seres llegan a ser padres con ese aporte consciente en ellos. Tal vez esto hay que cambiarlo también. Si queremos que cambien muchas cosas de nuestra sociedad, ya va siendo hora de hacernos conscientes y responsables. Ahora y en este momento hay experiencias que no pueden ser experimentos.

Anónimo dijo...

Tus hijos.

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos
semejantes a ti
porque la vida no retrocede
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero
sea para la FELICIDAD

'Khalil Gibran'.


http://youtu.be/pu2qaAc9t8A

Anónimo dijo...

A esa joven se le podría decir: no está la vida para servirte a ti, estás tú para servir a la vida.

Anónimo dijo...

¡Precisamente por eso quiere ser madre!. Para servir a la vida

Anónimo dijo...

Solamente sabrás lo que es ser madre, cuando sientas el latido de ese corazón sobre tu pecho, henchido de legítimo orgullo.

Sabrás lo que es ser madre, cuando comprendas que el fruto de tu sueño es ahora una realidad palpitante, ternura en piel viva y mirada inocente ante tu alegría.

Conocerás la dicha de ser madre, cuando entiendas que tu sueño ya jamás será completo, cuando sepas del llanto de la madrugada, de tus largas ojeras y la satisfacción de verle tranquilamente dormido, aunque tú no lo puedas hacer.

Únicamente sabrás lo que es hacerse madre, cuando radiante pasees a tu hijo en su dorada carroza, le hables aunque sepas que no te entiende aún y lo veas descubriendo asombrado cada pequeña cosa que constituirá su primera lección sobre la vida.

Sabrás lo que significa ser madre, cuando en la noche corras a por esa medicina que necesita para aliviar su fiebre, al llevar la cuenta de sus vacunas y cuando de puntillas te acerques a su cuna a escuchar su respiración, acompasada y feliz. Y a veces se despierte..

Cuando por primera vez te diga mamá, ría cuando lo lances al aire y no sienta el peligro porque tú le das seguridad con tu sonrisa, cuando le impulses a dar sus primeros pasos, inequívoca señal de que empieza el camino hacia su destino y corras detrás de su bicicleta donde afanosamente pedalea los primeros caminos en ese peregrinar futuro de su vida.

Sabrás la maravilla que posees cuando lo lleves por vez primera a la escuela y veas sus ojos llorosos porque no quiere separarse de ti y sientas el alma dolorida al alejarte.

Cuando te muestre sus primeros garabatos, incipiente Dalí, que preludia en ellos el afán por la belleza que se esconde en su corazón. Y sobre todo cuando se abrace a ti, tomando tu mano simbolizando con ello la confianza de tu fortaleza, que le dará seguridad en su camino.

Sabrás lo que es ser madre, cuando reclame tu tiempo y tu tengas que buscarlo y encontrarlo en donde puedas, cuando lo lleves al cine, al parque y al paseo cansada pero contenta, cuando le enseñes a jugar y a llenar rompecabezas y estaciones de lavado de coches a las 5 de la mañana.

Comprenderás la maravilla que Dios te concedió, cuando te rete con sus primeras preguntas y de momento no sepas como contestarlas, cuando le ayudes a escribir la carta a la Reyes Magos con el ansia compartida de una nueva niñez tuya y descubra en tu abrazo, en tu caricia y en tu beso incondicional, cuanto le amas.

Sabrás lo que es ser madre, cuando veas que va creciendo y tú lo acompañas, que va creciendo y tú estás a su lado, que se va haciendo adolescente y en ese proceso tú le acompañas.

Sabrás lo que es ser madre cuando oigas el reclamo inesperado y su deseo de independencia. El día que deje de acompañarte, porque sus amigas la esperan y sientas que tu corazón se estremece, porque el día llegó antes de lo que pensabas y sientas profundamente que así debe ser, porque es el precio que pagarás por el aprendizaje de su vuelo definitivo, y duele, vaya que si duele, pero en silencio lo aceptas.

Y finalmente sabrás lo que es ser madre, cuando un día tu hijo tenga que partir para estudiar en otro lugar, o a un trabajo distante y la nostalgia consuma las horas que antes feliz disfrutaste en su compañía y quizás sea el teléfono o Internet, lo que te una a él.

Y sobre todo cuando alguien venga y lo lleve de tu lado para perseguir otro cielo, otro arco iris, el de su propia vida, compartida con alguien a quien amará y tú deberás aceptarlo, porque esa es la ley de la vida y tu hija te fue solamente prestada por un tiempo.

Entonces sabrás lo que es saberte madre. Que no estudiaste para ello, pero lo viviste y lo seguirás viviendo. Y el regocijo que eso te proporcionará deberá entonces ser mayor que el dolor que supone el sentir que algo muy tierno se despide de tu alma.

Pero es solo entonces que podrás saber con plenitud, la maravillosa experiencia, la LUZ que ilumina tu alma, regalo de Dios, que es saberse, sentirse, MADRE (y también, PADRE)
A todas las MADRES (con mayúsculas).

Anónimo dijo...

Y a todos los PADRES, porque ha sido escrito por un papá que ha compartido completamente todas estas vivencias.

Anónimo dijo...

http://www.megavideo.com/?v=KJN9EF7E


1. Decir a mis hijas que las quiero varias veces al día.
2. Encontrar otra esposa para Don que les guste a las niñas.
3. Grabar mensajes de cumpleaños para las niñas hasta que cumplan los 18.
4. Ir juntos a Whalebay Beach y organizar un gran picnic.
5. Fumar y beber tanto como quiera.
6. Decir lo que pienso.
7. Hacer el amor con otros hombres para ver cómo es.
8. Lograr que alguien se enamore de mí.
9. Ir a ver a papá a la cárcel.
10. Ponerme uñas postizas (y hacer algo con mi pelo).

Una mujer de veintitrés años , madre de dos niñas y sus "peculiares" planes de futuro...

Anónimo dijo...

Nuestro paso por el mundo está lleno de vivencias para aprender o para aportar destrezas, y unas veces llegamos a ellas bien dispuestos, con plena consciencia, y otras veces, la Vida, sintiendo que nuestro aprendizaje no puede ser de otra forma, permite experiencias no vividas con esa plenitud. Como quiera que en el Universo no hay trabajo baldío ni insignificante, sea cual sea el momento de la llegada de un hijo, se convierte esa vivencia en una auténtica escuela de aprendizaje de generosidad y amor. Ese aprendizaje tal vez en nuestra hoja de ruta solamente puede sentirse mediante esa experiencia. Tal vez ahí queda marcado inconscientemente el conocimiento, tal vez ahí se impregna sin saberlo, el desear tener un hijo.

Anónimo dijo...

http://www.librosgratisweb.com/html/woolf-virginia/la-se%F1ora-dalloway/index.htm

Anónimo dijo...

Hasta desear aprender la generosidad puede ser un deseo egoísta si se hace usando la pantalla de unos hijos. En ocasiones nos hacemos pasar por ser generosos, en ocasiones incluso lo somos, para acallar una falta inmensa de amor a nosotros mismos. Cuando en nosotros subyace cierta imposibilidad de amarnos o de gustarnos como somos, y queremos vivir la experiencia de algo hermoso en nuestra vida para dignificar nuestra existencia, no es mediante la maternidad o la paternidad como vamos a aprender. En ese caso la maternidad o la paternidad se convierten en un callejón sin salida para todos.
Este apunte reflexiona en los deseos que impone nuestro ego, queriendo compartir espacios cuando no conocemos los espacios que nos conforman, cuando damos cabida en nuestra vida a otra vida que comienza, sin tener creada una sensibilidad interna para su llegada.
Estos hijos, nuestros hijos, se merecen padres que sepan darles la bienvenida con portales inmensos de humildad y de bondad en sus corazones; padres que sepan construir su caminar por la vida mostrándoles ese sentido de ahondar en ella, de buscar lo que subyace en la profundidad de la existencia.

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=4KLU7xjqsDk&feature=related

Anónimo dijo...

Es la sociedad del "tener": intentemos cambiarla a la sociedad del "ser".

Anónimo dijo...

Quiero "ser" madre