Amor por la tierra




Hace unos días me han regalado el libro de Enzo Bianchi titulado “Il pane de ieri” (El pan de ayer), editorial Einaudi. Después de muchos años vuelvo a leer en italiano. Enzo Bianchi (1943) es un monje italiano, fundador y prior de la Comunidad Monástica de Bose; es escritor y colabora de forma habitual en la prensa italiana. Es un sabio de nuestro tiempo. 

Este libro habla de algo importante: hemos perdido la costumbre de bendecir a la tierra, bendecirla por sus frutos, bendecir a los hombres que la trabajan y bendecir todas las cosas buenas que cada día tenemos en nuestra mesa para alimentarnos y para nuestro disfrute. Para ello Enzo hace un rastreo por su tierra natal (Castelboglione, Monferrato), por su biografía personal y por todo aquello que ha conocido de primera mano. Con sencillez y belleza habla de los huertos, del cultivo del pan, del trabajo en las viñas… Más que descripciones, son meditaciones, meditaciones sobre la vida, sobre la muerte, sobre la alegría de vivir, sobre la riqueza de la diversidad. Son historias llenas de amor por la tierra. No es un libro nostálgico que esté hablando de una infancia perdida. El discurso de Bianchi es muy profundo y dice este tipo de cosas: “En una sociedad en la que se conoce el precio de todas las cosas, se desconoce el verdadero valor de todas ellas. La misma vendimia de cada año, una actividad humana antiquísima y bellísima, ha quedado reducida únicamente a cifras: los grados que tiene la uva, el precio de la misma en el mercado, los hectólitros de vino producidos…” 

Dice en otro momento: “El progreso tecnológico ha roto por dentro el corazón del trabajo pegado a la tierra. Las cifras de la mercadotecnia han fulminado en pocos años la sabiduría ancestral de la vida y han robado los frutos preciosos destinados a la existencia feliz del hombre sobre la tierra”. 

En otra página bellísima aparece esto: “La cocina era el templo sagrado, incluso en familias pobres como la mía; allí se entraba en comunión con el agua, el fuego, los olores, los productos del campo y de la huerta, los frutos del trabajo cercano y del trabajo lejano de otros hombres. La maravilla del aceite y la sal. Por eso yo amo cocinar, y lo hago siempre en gran silencio, cocino en silencio porque cocinar significa pensar; cuando se cocina se tiene presente al otro más que nunca, porque en realidad se está cocinando para él…” 





En la foto, uvas de la vendimia de este mismo año, en mi pueblo de nacimiento. Son uvas de la única viña que aún conserva mi padre, que fue agricultor y viticultor durante casi sesenta años. Mi padre, anciano ya, sigue cultivando su huerto y dando calor a esa viña, todavía un milagro de pervivencia…y de supervivencia.


17 comentarios:

Anónimo dijo...

"Bendice a aquello que te bendice. En silencio. En amoroso silencio".

Anónimo dijo...

Enzo Bianchi sobre la Libertad...

http://www.youtube.com/watch?v=Vm5c2kccWZE

Anónimo dijo...

Benditas palabras.
Benditas imágenes.
Benditas intenciones. Alimento para una curiosidad hambrienta. Vino que embriaga una conciencia aún niña.
Se nos olivida agradecer. Se nos olvida perdonar. Bendecir nos suena extraño... Agradecer, bendecir, sentir misericordia, perdonar... ¿Para qué...? Podriamos pensar...
Que siempre estos verbos, estén en el repertorio de nuestras costumbres. Que salgan expontáneamente. Que sean hijos de nuestra conducta. De nuestro proceder.

"Aprende que la forma exterior muere
pero el mundo de la realidad permanece para siempre.
¿Hasta cuándo jugarás a amar la forma del cántaro?
Deja el cántaro; ¡anda, busca el agua!
Aprende que el espejo del corazón es infinito."

Rumi

Anónimo dijo...

Cocinar es oficiar, no tanto oficiar de oficio, sino consagrar, consagrar los alimentos.

Anónimo dijo...

Me gusta estar en la cocina. En la cocina me consagro. Cocinar nos consagra. Nos convierte a nosotros en alimento.

Anónimo dijo...

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará.
De todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar;

y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi espíritu ...

Ezequiel 36, 24-28

Anónimo dijo...

No es lo mismo el conocimiento que la sabiduría.

Anónimo dijo...

Pero sin conocimiento no hay sabiduría.

Anónimo dijo...

Enzo Bianchi, subraya el valor simbólico del AYUNO cristiano, e indica, que lo que aporta el ayuno, no se puede alcanzar sustituyéndolo con otras prácticas.

Comenta que, el SER HUMANO se nutre de las presencias que lo rodean.

Come, valora las voces, los olores, las formas, los rostros y así, poco a poco, se edifica una personalidad afectiva en relación a los demás.

Ayuna de juzgar a otros; descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes; llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento; llénate de gratitud.
Ayuna de enojos; llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo; llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones; llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte; llénate de aprecio por la maravilla que es la vida.
Ayuna de las presiones que no cesan; llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura; llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo; llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas; comprométete en la propagación del Reino.
Ayuna de desaliento; llénate del entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos mundanos; llénate de las verdades que fundamentan la santidad.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús; llénate de todo lo que a Él te acerque.

Necesitamos aprender también, a dar más valor al que trabaja la tierra con ‘buzo’, para conseguir extraer de sus entrañas los alimentos, que al que los compra vestido de ‘DIOR’.

Anónimo dijo...

San Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
- «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondan. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo."
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia."
Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron:
- «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice:
- «¿No habéis leído nunca en la Escritura:
"La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Anónimo dijo...

"Nuestro problema no es la ignorancia; es sólo que sabemos demasiadas cosas que no son verdad."

Josh Billings

Anónimo dijo...

El espejo del corazón es un niño.

Anónimo dijo...

"Buscad leyendo y hallaréis meditando".

San Juan de la Cruz

Anónimo dijo...

"(...)
Mi Amado las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos,
la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora (...)."

Cantico
San Juan de la Cruz

Anónimo dijo...

CONOCER A LOS DEMÁS ES INTELIGENCIA, CONOCERTE A TI MISMO ES SABIDURÍA. CONTROLAR A LOS DEMÁS ES FUERZA, CONTROLARTE A TI MISMO ES PODER.

Anónimo dijo...

http://www.megavideo.com/?v=N2QA6UJ1

LA COSECHA

Anónimo dijo...

Añoranza.

En un silencio sonoro o con la algarabía que calmaba y silenciaba obstáculos, esas cocinas eran el corazón de la casa donde se acumulaba el calor, donde abundaba el calor de verdad. En medio de dificultades se ayudaba, se compartía, y así se infundía vida para el cuerpo y para el alma. Allí se creaba nuestro sustento, con alimentos sanos, sembrados y recolectados con mimo. Allí estaban esas manos amorosas que elaboraban con cariño, y esos rostros que solamente esperaban con ansia nuestra cara de satisfacción.
Bendecidos estaban los alimentos por esos hombres vestidos de ‘Dios’, que desde la siembra hasta la recolección, miraban al cielo y dejaban día tras día con su esfuerzo esa dispersión de bendiciones en la tierra.
Añoranza ahora de todo aquello que venía creado por el mejor sentimiento. El que ama crea y ellos creaban para la posteridad; yo creo que la tierra aún vive de esas bendiciones.