Un hilo que nunca se rompe




-Raúl, ¿hay algo que te haya conmovido últimamente?
-Sí.
-¿Lo puedes contar?
-Últimamente me ha conmovido, y mucho, una mujer que conocí en Sabadell. Sabadell es una ciudad de corte industrial que está al lado de Barcelona. Estuve allí hace poco presentando el último libro. Esa mujer participó en esa presentación. Estaba desolada por la reciente muerte de una hija suya. La charla estuvo polarizada para darle a ella algo de atención porque realmente estaba muy herida, estaba tremendamente triste por ese fallecimiento. La hija tenía tan sólo 22 años cuando murió. Nos contó a todos los allí presentes que hacía unos días, coincidiendo con la fecha del cuarto mes de haber fallecido esa hija, llamó a su teléfono móvil dejando el siguiente mensaje: “Hola hija, soy mamá, aunque sé que no vas a coger el teléfono, quiero llenarte de besos y decirte que te quiero muchísimo”.

Aunque sé que sería casi mejor no decir nada, quiero ahondar un poco en el gesto de esa madre y en esa llamada. Los seres humanos tenemos un corazón diseñado para fabricar esperanza; a veces conseguimos fabricar esperanza sin contar casi con los ingredientes para hacerla real y palpable, a pesar de todo la formulamos. Casi a ciegas somos capaces de ir detrás de la esperanza. Muchos podrán reírse de la ocurrencia vana de esa madre, muchos lo pueden interpretar como el acto de una persona con la mente inestable, a mí personalmente me parece extraordinario que se haya atrevido a llamar al teléfono móvil de esa hija. Ese teléfono móvil es la manifestación de que hay algo que une a las madres con los hijos. Entre las madres y los hijos existe un hilo de comunicación que nunca se rompe, ese hilo se mantiene vivo por encima de las distancias, de las enemistades, de los enfados ocasionales, de las diferencias, también de las muertes; ese hilo no es tan sólo lo que nos une a la madre, ese hilo es en realidad lo que nos une a la vida.


La vida...que es madre de todos.



En la foto, un cielo con nubes y ‘algo más’. La foto fue tomada cuando regresaba del viaje en el que tuvo lugar el encuentro con esa mujer.

La ficticia creación del dinero




Los que ahora están protestando en Wall Street, los del movimiento 15-M y por supuesto todos nosotros, hemos de tomar conciencia de esto sobre lo que reflexiona David Icke. Personalmente considero que estas reflexiones de este hombre, guerrero valiente, han de ser conocidas y difundidas. 


Esto tiene que saberse: que la deuda mundial es varias veces mayor a la riqueza acumulada. 

Y esto otro también ha de conocerse: que todas las deudas del Planeta unidas ahora mismo (individuos, familias, empresas, bancos, instituciones locales, autonómicas y estados) son varias veces mayores que el volumen global de riqueza. 





En la imagen, David Icke.


El vídeo tiene dos partes, ved si podéis también la segunda. Cuando acaba la primera, la segunda aparece dentro de un mosaico enmarañado, ya sabéis, no quieren que se localice fácilmente...

No hay otra dicha que la paz interior




Creo que esta entrevista que le hace Josep Fita a Ramiro Calle merece ser leída al completo. 

-Intuyo que la crisis actual es un tema recurrente entre los alumnos de yoga que asisten a sus clases. ¿Qué nos ha llevado a ella? ¿La búsqueda insaciable por satisfacer nuestras necesidades materiales?

-Nos ha llevado a ella, sobre todo, la codicia. Y la codicia bancaria en particular. Ellos son (los banqueros) los que han creado esta crisis, y encima se lo hacen pagar a la gente a la que se la han creado. Es de una inmoralidad y una injusticia… También ha habido tal voracidad, todo se ha desmesurado de tal manera, ha habido tales excesos en esta llamada sociedad del bienestar, que eso, al final, no se ha podido mantener. 

-En la satisfacción de dichas necesidades buscamos sentir algo parecido a la felicidad. ¿Qué entiende por felicidad?

-Esta sociedad, no sólo hablo de Occidente, también de Oriente, ha entrado en lo que ya los indios llamaban el círculo vicioso del 99. Cuando tenemos de algo 99, queremos tener 100. Cuando tenemos de algo 199, queremos redondear a 200. Esto no tiene fin. Es una voracidad y una codicia sin límite que lleva todo a la putrescibilidad. Se está poniendo la felicidad, por una distorsión del enfoque, no en las cosas más hermosas de la vida, no en la amistad, no en el amor, no en el compañerismo, sino solamente en la distracción, en la diversión, en el entretenimiento. La persona cada día está más insatisfecha. La felicidad es un estado de conciencia. Como dijo Buda, "no hay otra dicha que la paz interior". Los sabios orientales de antaño decían que era lícito emplear parte de tu energía en mejorar tu calidad de vida externa. Pero recalcaban que hay que reservar también una parte para mejorar nuestra calidad de vida interna. 

-¿Sus alumnos acuden a sus clases en busca de la felicidad?

-Todas las criaturas tenemos el impulso sagrado de sentirnos bien. Luego lo hacemos muy mal y nos sentimos peor. Por el centro de yoga han pasado 500.000 personas, de todas las edades, razas, condiciones, y todos con ese impulso de sentirse mejor. Si uno no cambia interiormente, no hay nada que hacer. Si el reformador no se reforma, si el revolucionario no revoluciona su mente, vaya suerte de reforma y revolución que va a salir de ellos

-Y para conseguirla, ¿debemos luchar contra nosotros mismos? Le he escuchado varias veces decir que la mente es perversa por naturaleza.

-En la mente hay un lado muy neurótico y difícil, y un lado muy positivo. Lo que tenemos que hacer es reorganizar nuestra mente. Ir poco a poco debilitando las tendencias neuróticas y potenciando el lado más bello de la mente. Esto nos lo deberían enseñar de niños, pero como estamos en una sociedad en donde sólo se valora lo que es aparentemente productivo, pues nadie da valor a algo que es mucho más provechoso, que es nuestro propio bienestar interior y nuestra propia realización. Ya dijo Ramón y Cajal que cada uno de nosotros somos arquitectos de nuestro propio cerebro y mente. 

-Para sentirse bien, ¿hay que trabajárselo?

-Así es. A lo largo de los años se viene practicando en Occidente la cultura del cuerpo, la gimnasia, el ejercicio físico… Pero aquí nadie se ha acordado del cultivo de la mente, de su desarrollo. El trabajo interior, sobre nosotros mismos, se debería incorporar a las escuelas. 

-No sé si la sociedad en la que vivimos es el mejor escenario para que uno se sienta bien… 

-Esta sociedad constantemente crea lo que llamo triunfadores fracasados. Son aquellos que han conseguido todos los logros materiales, un buen estatus, bienes, riquezas… pero que, a la postre, se llevan mal con su pareja, con sus hijos, no tienen ni un solo amigo, no conocen lo que es la compasión… ¡vaya triunfador! Este perfil es lo que más prolifera en las sociedades modernas. Los principales abanderados, los americanos. 

-¿Obama tiene la culpa?

-Cuando un niño nace en Norteamérica se le dice: "Tú puedes llegar a ser presidente de los Estados Unidos". Pero lo que nadie le dice, y está estudiado, es que tiene 16.000 veces más de posibilidades de acabar en un hospital psiquiátrico como esquizofrénico. La gente ciega, en lugar de vivir sus propios sueños, en lugar de vivir sus propios deseos y motivaciones, vive los sueños, los deseos y las motivaciones de los demás. Y éstos últimos son los que, ladinamente, les manipulan. 

-¿Y cuál es la fórmula para dejar de sufrir?

-Cambiar actitudes. Cuando uno, de repente, se da cuenta de que sufre y toma un poco de consciencia de ello, es cuando acude, por ejemplo, al yoga, a la meditación. Disciplinas que le pueden ayudar. 

-Siempre nos quedarán los libros de autoayuda… ¿Son una vía, o sólo un negocio?

-Yo siempre diferencio entre el libro de superación personal y el libro de autoayuda. Un tanto por ciento elevadísimo de libros de autoayuda no sirven para nada. No te dan métodos que te ayuden a cambiar. Te dan afirmaciones que no dejan de ser tonterías. Los libros de auto desarrollo son otra cosa, te ayudan a aplicar claves para tu transformación interior. Todos los grandes pensadores, tanto filósofos como psicoterapeutas, han dicho que el ser humano puede mejorar, puede cambiar. ¡Y hay libros muy serios!, lo que pasa es que ahora, al haber una demanda creciente, surgen obras que son dañinas y directamente basura. Un insulto a la inteligencia. Les dicen a la gente: "Pide al universo y el universo te lo da". Y eso no funciona así. Pídete a ti mismo, exígete a ti mismo, trabaja sobre ti mismo, digo yo. 

-A lo que la gente responde… 

-La humanidad está en una minoría de edad mental, emocional y espiritual. Y por ello solo se sigue a los líderes y a los ídolos. Cuando el ser humano madure, si alguna vez lo hace, ya no habrá ni líderes ni ídolos. Cada uno será su propio líder. El ser humano de hoy necesita gurús, por eso hay tantos falsos gurús que son una vergüenza. Todo menos estar con uno mismo y confiar en uno mismo. 

-Buscamos ser felices, buscamos un sentido por el que vivir… ¿existe uno universal?

-Cada uno tiene que buscar el suyo. El sentido es el que tú le quieras dar a cada momento. El sentido está aquí y el sentido está ahora. No está en si habrá otra vida, en si no la habrá. Tú puedes hacer de tu vida un estercolero, o puedes hacer de ella un jardín. Uno de los anacoretas que yo visito casi todos los años en Benarés, que se llama Baba Sivananda, siempre dice: "El sentido de esta vida es cooperar con los demás. Qué lástima de vida tirada si no la utilizas para ayudar a los otros". 

-Después de más de 100 viajes a la India, ¿ha encontrado usted el suyo?

-Mi sentido es transmitir cada día a las otras personas las enseñanzas que yo he recibido de los que tanto me han ayudado. Cojo conocimientos, y los traslado a los demás. Alguna medicina que a mí me ha servido, trato de procurársela, nunca a través de la imposición ni de hacer proselitismo, a los otros. 

-Hace un año, una bacteria contraída en Sri Lanka a punto estuvo de arrebatarle la vida. Supongo que una experiencia así deja huella.

-Cuando salí de la enfermedad, después de estar muchos días en la UCI en los que nadie daba por mí un penique, estuve totalmente abarcado por dos sentimientos. Uno, la humildad. Te das cuenta de cuán frágiles somos. No hay lugar para la auto importancia. Y el segundo sentimiento era el amor. Lo único importante es el cariño de los seres humanos, el cariño a las criaturas, a los animales, a la Madre Tierra. Creo que si encontramos esta compasión y esa humildad viviremos constantemente en el sentido. 

-Muchos ven en usted a alguien a quien seguir, a un gurú espiritual. ¡Qué presión!

-Mucha. Por eso yo siempre digo que yo no soy un gurú en absoluto. Yo soy un aprendiz, y el deber de un aprendiz es seguir aprendiendo. Lo que pasa es que todos estamos interactuando. Tú me puedes enseñar mañana a jugar al ajedrez, y yo te puedo enseñar a respirar mejor. Es simplemente un servicio recíproco que todos nos hacemos cuando hay verdadero compañerismo y ganas de cooperar con los demás. Pero de gurú no tengo absolutamente nada. Prefiero que me digan que soy un simple instructor de yoga que un gurú, porque no lo soy. 





En la foto, Ramiro Calle.

¿Por qué todo se está cayendo a trozos?




Yo lo estoy viendo a diario, imagino que muchos de vosotros lo estáis viendo también. Las cosas se están cayendo a trozos. Es verdad. Cuando voy a alguna presentación de libros también hay personas que lo preguntan: ¿Qué está pasando? ¿Puedes decirnos algo? 

Reflexiono ahora en voz alta.

Veo la cara de Rajoy y su blanca estatua, comedido con sus palabras porque espera conseguir mayoría absoluta para seguir ahondando en el expolio de las riquezas por parte de la clase dominante, ahora ya sin ningún rubor, ahora que todo está sonando a río revuelto. Rubalcaba, patético mago que con una pirueta en el aire ha pasado en un minuto de ser un ministro plenipotenciario a ser un candidato locuaz que a través de un ingenio de todo a cien juega al juego de la alternancia, cuando sabemos que eso es una pantomima pactada. Los dos últimos años de gobierno de un partido, sea el que sea, se juega a que cometan graves errores para que sean relevados por los otros, es decir por los mismos. Lo podemos llamar “complot Pepépesoe (PPSOE)” y nos ahorraremos cientos de páginas. 

Sale Guardiola hablando como si fuese un filósofo griego; sale Mourinho medio insultando con su mirada pendenciera: los dos jugando a lo mismo, al engañabobos; salen los jugadores de fútbol, ninguno entusiasmado, todos atados por el vicio del dinero y con el cuento de la liga, de la champions, de la copa y de la madre del control que todo lo ha parido. Aburridos de la vida, una vida aburrida de aviones y entrena-mientos, dopaje escondido entre ropa de marca. 

Y esos programas del corazón y sus afiladas lenguas, labios hinchados que imploran juventud eterna. La mediática duquesa recién casada que resulta que se lleva la mitad de las subvenciones europeas a la agricultura española… ¡Cuándo espabilaremos! 

Estad atentos. Esto se puede ver hoy, ahora, en este momento: hay unos trabajando con una energía de muerte, hay otros trabajando con una energía de vida. Los que trabajan con la energía de muerte siguen perpetuando la energía del poder y del no despertar, ya sea fútbol, política, prensa sometida, sistema bancario, control por parte de las religiones establecidas... Por el contrario, los que se deciden a trabajar con la energía de vida luchan a brazo partido por un mundo mejor y todo lo hacen limpio y verdadero. Cuando veáis a los que trabajan con la energía de muerte veréis que las cosas se caen a trozos, se vuelven viejas, se desgastan, huelen; cuando veáis a los otros trabajando con la energía de vida, veréis que todo brilla, porque la verdad siempre brilla, por más que se intente taparla y llenarla de silencio agonizante. Las señas de identidad de los que aparecen con el corazón limpio son siempre estas dos: el Amor y la Paz. 




En la foto, Cayetana Fitz-James Stuart y Alfonso Díez.




Planes de futuro



Escucho en la radio a una joven y famosa actriz del cine español, también modelo. Oigo que habla sobre sus planes de futuro; los escucho con respeto, pero interiormente no puedo menos que esbozar una sonrisa. Dentro de esos planes hay uno que destaca por encima de todos, además de que es el primero que nombra. Lo lanza de sopetón: “¡Quiero tener un hijo!”. 

“¡Quiero tener un hijo! ¡Quiero tener un hijo…!” ¡Cómo suenan en mi cabeza estas palabras mientras cocino! ¡Cómo me asaltan estas cuatro palabras! ¡Cómo me movilizan! Tanto me movilizan que agarro papel y boli y pronto veo que sale algo parecido a una carta: 

Bella mujer, estimada amiga. Con todo el respeto quiero hablarte, pero también con toda la sinceridad de la que soy capaz. Creo que una cosa es tener un hijo y otra cosa muy distinta es ser madre. Hay mujeres que tienen hijos pero que no son madres, y hay mujeres que son madres sin tener hijos. Ser madre es algo que yo personalmente estoy empezando ahora a explorar y a entender en su verdadera profundidad, al igual que el hecho de ser padre; por eso ahora me atrevo a decirte: creo que tienes que intentar ser madre antes de tener un hijo. Serás madre cuando te puedas ocupar de alguien sin pedir nada a cambio; serás madre cuando antepongas al otro antes que a ti misma; aprenderás a ser madre cuando tú ya no te veas como la única cosa que existe en el mundo.

Bella mujer de los escenarios y de las pasarelas, supongo que es fruto de una demanda inaplazable de la biología, o fruto de una excesiva juventud, o de una juventud excesiva,  que te encuentres diciendo a los cuatro vientos: “¡Quiero tener un hijo!”. A estas alturas de mi vida no me sale decir una cosa así; primero porque ya sé que los hijos ‘no se tienen’, si acaso son ellos los que nos tienen a nosotros; segundo, porque siento que no puedo exigirle nada a la vida. Un hijo viene si la vida quiere, si la vida te lo da; incluso aunque te hagas tratamientos de fertilidad y otro montón de cosas más, como la vida no quiera, no hay hijo que valga. Un hijo poco tiene que ver con el “tener” y el “poseer”; un hijo es sobre todo “dar” y “entregar”. 

Para añadir un poco más a esta breve carta improvisada, te diré que dudo mucho que la vida te haga entrega de esa interminable lista de cosas que acabas de pedir, lo dudo mucho; más bien creo que te mostrará algo clave: tus ‘expectativas’ no se van a cumplir. ¿Por qué? Porque son unas expectativas formuladas desde el ego, incluso es la soberbia la que las dicta. Entiende que te diga estas cosas, están dichas con todo el afecto, pero también con toda la contundencia. Ahora pensarás que quién soy yo para decirte nada. Efectivamente no soy nadie. Pero sí te hablaré un poquito de cómo he aprendido a mirar la vida: nunca pensé en tener hijos, nunca los vislumbré, nunca imaginé cuándo ni dónde ni con quién ni de qué manera. Ellos llegaron. Todo en mi vida ha llegado así, no sólo los hijos. Vivo en estado de rendición. No es una rendición pasiva, es una rendición activa. Me he hecho con unos ojos para ver aparecer las cosas, no son ya los ojos que alguien puede tener para ver cumplidos los planes que traza la mente. Yo no soy el que planea y proyecta, soy el que confía mientras espera. Camino en soledad interior mientras voy mirando al cielo. No me considero ejemplo de nada ni ejemplo para nadie, solamente soy uno que encuentra gusto en compartir. 

Una última cosa: antes de ‘tener’ un hijo, aprende a ‘tenerte’ a ti misma. No tengas a nadie si aún no sabes tenerte y sostenerte en todo tu ser. No invites a nadie a venir como huésped si aún no conoces la casa en la que estás viviendo. Ponte a conocer la morada de tu alma, date tiempo para entrar en el templo de tu cuerpo, casa de tu corazón. Y abre puertas y ventanas. Entrará la luz. 

Con todo el afecto. 

Un fuerte abrazo.

Nos hemos dejado llevar





¡Cómo pueden estar nuestros cuerpos comiendo lo que comen, respirando lo que respiran y viviendo lo que viven! Te paseas por los mercados y ves que la mayoría de la fruta está toda sin madurar. Ya no hay fruta madura. Las verduras están todas fumigadas, aparte de ácidas e insípidas, parecen verduras vivas, pero en realidad son cosas muertas. El pan común, el pan blanco, es una indecencia, una verdadera indecencia. Los productos lácteos son un conjunto de preparados extraños que suelen provocar indigestión. Se cocina y se calienta la comida en el microondas, con lo que eso supone. Se fríen productos de muy baja calidad en aceites de peor calidad en sartenes de teflón y de otros derivados. Tomamos a diario agua clorada, como si tal cosa. Consumimos carnes adulteradas, la mayoría de esas carnes están infladas con hormonas y llenas de productos tóxicos. Tomamos pescados contaminados. Nos chupamos todo el día la radiación del teléfono móvil, y es que para recibir una llamada hay que estar todo el día con el bicho pegado al cuerpo... ¡Tiene narices! De esta manera, ¿cómo pueden estar los cuerpos? Luego hay que pensar que esta ‘dieta’ la complementamos respirando el aire viciado de las ciudades. Vivimos con inmensas prisas y competimos entre nosotros descabelladamente. No respetamos el ciclo de descanso. Casi todo el día estamos envueltos en ruidos estridentes. Vivimos en la precariedad laboral y en la inseguridad creada por una economía siempre en la cuerda floja… 

Es increíble el modo de vida al que hemos llegado. ¿Que es un modelo de vida nos ha sido impuesto? Pero es que nosotros lo hemos permitido, lo estamos permitiendo. ¿Por qué nos hemos dejado llevar? ¿Por qué? Ahí se queda la pregunta. 

También se da uno cuenta de que no hay educación sentimental, ni educación emocional, ni se enseña a pensar, ni se enseña a dudar; tampoco se enseña a cuidar de un niño, ni a venerar a unos padres, ni se enseña a cocinar ni a comer una comida que pueda nutrir. Tampoco se enseña a cuidar del espíritu... ¿Qué es entonces lo que se enseña? 



Aunque parezca increíble, vamos a renacer de todas estas cenizas.

Una esclavitud llamada trabajo



Si no amo el trabajo que hago, vivo, quiero decir que me da para alimentar la materia que me rodea, pero el trabajo entendido así me está matando. Si por el contrario amo el trabajo que hago, puedo no llegar a tener suficiente para vivir, pero estoy lanzando mi mensaje al mundo: se puede vivir de verdad y a la vez se puede intentar algo diferente. 

Me viene ahora a la memoria una visita que el papa Juan Pablo II realizó hace años a la ciudad de Puebla (México); recuerdo haber leído las palabras que dirigió a los trabajadores mexicanos allí reunidos. Decía y recalcaba el papa que el trabajo ya perdió su carácter de maldición bíblica y que ahora se ha convertido en una bendición. ¿El trabajo se ha convertido en una bendición? 

En este momento que nos está tocando vivir, la mayoría de los trabajos están en crisis, y no tanto porque no estén cumpliendo su verdadera función (la mayoría de los trabajos no dan el suficiente dinero para vivir) sino porque no van a la raíz de las cosas y sobre todo porque nos esclavizan. El trabajo esclaviza, pero ¿de qué esclaviza el trabajo? Eso que llamamos trabajo suele ser la tarea que realizamos de mala gana mientras aplazamos la realización del verdadero trabajo. Salvo raras excepciones, el trabajo es un secuestro del tiempo y un secuestro del individuo. ¿Para qué? Para que no investigue. El tiempo que se está trabajando es tiempo que se le quita a la persona para investigar. ¿Investigar en qué? Investigar en la vida, investigar en uno mismo. Porque quien investiga se adentra en el despertar y el que despierta se libera y puede liberar a otros. 

El escritor Rafael Sánchez Ferlosio, un escritor muy lúcido y de una rara brillantez al que de vez en cuando me gusta leer, ha llamado siempre a los centros de trabajo “centros de cansancio”; sin duda Rafael sabe muy bien que en esos lugares se palpa ya la profunda fatiga de esta civilización. Si entendemos el trabajo de la manera como ahora lo estamos entendiendo, es claro que esa forma de ejercer el trabajo nos está trasmitiendo un mensaje muy claro: de ninguna manera se quiere a los seres humanos libres. ¿Lo queremos nosotros? Ahí queda en el aire colgada la pregunta. 





En la imagen, un grupo de esclavos; es una estampa de la Huton Deutsch Collection.

Los abuelos de Barenboim




Hace unos días he ido como invitado a una boda. Se casaban dos amigos. Unos diez días antes me pidieron que pensara en unas palabras para el comienzo de la ceremonia, unas palabras para ser dichas allí mismo, en directo. La boda fue un acto sencillo en el jardín de su casa. Se casaron debajo de un árbol. Verdaderamente era el árbol el que oficiaba la ceremonia. Cuando me pidieron que hablara, únicamente les dije que no prepararía nada y que esperaría a lo que viniera en ese momento. Aceptaron. Lo que vino llegó de improviso y fue el recuerdo de una historia que escuché una vez a un amigo sobre Barenboim. El director de orquesta Daniel Barenboim le contó hace años a mi amigo que unos abuelos suyos, judíos de origen ruso, llegaron en un barco a principios del siglo XX a Buenos Aires; entonces las leyes de inmigración argentinas prohibían la entrada a hombres y mujeres que no estuvieran casados. En la cola para desembarcar se miraron, hablaron un momento y decidieron casarse, aunque no se conocían de nada. Al salir del barco, ya casados, se despidieron, dejando claro que ese 'casamiento' había sido por conveniencia y que no estaban obligados a nada. Pero como la vida es tan misteriosa, años más tarde se vieron de nuevo, se enamoraron y acabaron formando una familia… Después de contar la historia quise añadir unas pocas palabras: “en realidad todos nosotros somos los abuelos de Barenboim, quiero decir que todos somos esas dos personas que se encuentran debido a un cúmulo fabuloso de circunstancias. Parece mentira que dos personas puedan vivir una al lado de la otra sin encontrarse jamás, viviendo en el mismo portal o incluso en la misma calle, cuando a veces lo que sucede es todo lo contrario, que debido a un increíble número de chiripas o de casualidades, acabamos por encontrarnos mágicamente con nuestras parejas, con nuestros amigos, así como con esas otras personas que luego llegan a tener una gran influencia en nuestra vida”. 


Esto lo escuché en la radio hace unos días: el setenta y cinco por ciento de las parejas se forman a partir del entorno laboral o familiar o de un mismo grupo de amigos, digamos que se encuentran a partir de un círculo próximo o cercano; solamente un veinticinco por ciento de las parejas que se forman no se conocían antes de nada; para estos últimos ‘la suerte’ de encontrarse es aún mayor. 





En la foto, un barco de inmigrantes.

Moradas de sufrimiento y placer



La luz que proyecta una puesta de sol no es ni tuya ni mía. Ese sol que se está poniendo es la energía vivificante que todos compartimos. La belleza de la puesta de sol no pertenece a nadie, es de todos, corresponde a la humanidad entera. Lo mismo ocurre cuando sufrimos, que convertimos ese sufrimiento en un asunto personal, y en realidad no es así; lo que hacemos mientras sufrimos es excluir los sufrimientos de toda la humanidad; parece que sólo existiera nuestro sufrimiento. Y otro tanto hacemos con el placer: tratamos el placer como una cosa privada, nuestra, dejándonos llevar por la excitación que ello produce, sin darnos cuenta de que nuestro placer es también el placer de todos, el placer de todo. 

Es curioso ver esas moradas de sufrimiento y de placer en las que habitamos. A veces queremos ayudar a personas que vemos perdidas en esos mundos de placer y de sufrimiento, hasta que nos damos cuenta de lo difícil que es ayudar. Es muy difícil. Ellos están ahí debido a sus deseos, sus deseos los tienen presos. Por eso sólo se les puede ayudar a tener deseos justos, o justamente a no tenerlos. Teniendo deseos justos, o no teniéndolos, podrán elevarse por encima de ellos y liberarse del impulso de crear esas moradas de sufrimiento y de placer. 



En la foto, una puesta de sol de estos últimos días. Un punto rojo de luz traspasa los árboles. Horno encendido. Boca roja de un fuego que todo lo quema.




Palabras desde Grecia





Limpio y transparente como el agua de su tierra natal asturiana, Pedro Olalla nos envía estas palabras desde Grecia, palabras grabadas el pasado día 5 de octubre. Ved por favor con mucha atención estos 15 minutos. La grabación presenta problemas de sonido. No voy a hablar ahora de esos problemas con el sonido, pero os podéis imaginar quién los fabrica. 





En la foto se puede ver a una persona en el trascurso de una reciente manifestación en Grecia contra los planes de ajuste.



Las teorías de la gente enferma





Algunos ya sabéis que trabajé un tiempo haciendo publicidad, sobre todo publicidad industrial, en concreto vídeos publicitarios. Ahora ese mundo me parece oscuro y extraño; pero he de reconocer que por ahí pasé, lo mismo que he pasado también por otros sitios. 

El mundo de la publicidad se basaba, y se basa, en el sexo, en una exploración completamente ‘caprichosa’ y ‘manipuladora’ de esa parcela de la naturaleza humana. Toda la narración trazada a través del guión, de la realización y de la puesta en escena, se basaba, y se basa, en que la historia que se cuenta quede veladamente marcada por su contenido sexual (el subliminal elevado a la máxima categoría). Prácticamente todo lo que un anuncio propone está basado en una absoluta obsesión por el sexo. ¿Quién magnificó el sexo hasta concederle tanta importancia? Que sepamos, un señor llamado Freud. Todos siguieron a Freud y nadie o casi nadie le dio por preguntarse si Freud estaba equivocado. El colmo de la obsesión por el sexo es cuando lo bello también queda reducido a su puro contenido sexual. Me explico. Se toma el ejemplo de un gran artista como puede ser Miguel Ángel, se analizan sus esculturas y sus pinturas, y directamente se llega a la conclusión de que todo su arte tiene que ver con lo sexual, hasta concluir, pero concluir con mayúsculas, que Miguel Ángel era un reprimido sexual. Una conclusión gratuita que nadie se atreve a discutir. Una conclusión que lleva a que todo el mundo piense de verdad que Miguel Ángel era un absoluto reprimido sexual, en vez de pensar que el verdaderamente reprimido era Freud, que de paso fue el que lanzó la teoría. El colmo de esta forma de analizar ‘por el morro’ lo acabo de encontrar en un libro de un psiquiatra leonés llamado Javier Álvarez; el libro se titula “Éxtasis sin fe” (hace más de dos años que lo tengo aquí delante, en la lista de libros pendientes de leer; hace unos días que por fin he podido hincar el diente a este ladrillo). Se dedica este hombre a repasar con todo detalle fenómenos psíquicos de diferentes místicos y artistas para llegar a concluir, como en el caso de San Juan de la Cruz, que toda la mística que de él salía era fruto de la depresión; de esta forma te hace creer que una de las mayores bellezas de expresión humana, en este caso el texto del Cántico Espiritual y otros textos, son el resultado de una enfermedad psíquica. ¡Está queriendo decir que las mayores bellezas humanas están producidas por gente enferma…! ¡Es alucinante! Cuando lo que habría que decir, lo quiero decir yo ahora, es que la verdadera enfermedad la padece quien justamente está formulando la teoría… 

¡Dios mío, la de cosas que se están desmontando y las que todavía vamos a tener que desmontar…! 

Volviendo a la publicidad. Quizá ya me lo habéis oído decir, pero la mayoría de los slogans publicitarios son en realidad insultos, insultos a todos nosotros. Hay uno muy reciente, es de estos últimos días; lo escuché la semana pasada mientras viajaba en el coche. Es una cuña de radio. Es de Loterías del Estado. Dice así: “Sigue soñando. Sigue soñando porque nosotros sabemos que la gente nunca dejará de soñar”. Claro que sí, claro que lo sabéis, porque vosotros no queréis que la gente despierte, lo que queréis es que continúe dormida. Para vuestro negocio es muy importante que la gente siga soñando con cosas imposibles, en vez de invitarles a dejar de soñar y ponerse a construir un mundo de cosas posibles… ¡Tiene narices! ¡El propio estado diciendo estas cosas…! 





La foto bien podría parecer publicitaria, pero no lo es. Son hojas de una rosa de un rosal que plantó mi madre. Hace unos pocos días.

Sólo tres historias




"Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra iniciación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

LA PRIMERA HISTORIA VERSA SOBRE CÓMO SE CONECTAN LOS PUNTOS.

Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?
Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: "Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?" "Por supuesto", dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.
Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.
No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.
Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.
Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.
Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.


MI SEGUNDA HISTORIA ES SOBRE EL AMOR Y LA PÉRDIDA.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.
Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.

MI TERCERA HISTORIA ES SOBRE LA MUERTE.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: "Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón". Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: "Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?" Y si la respuesta era "No" durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.
Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:
Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.
Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.
Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: "Sigue hambriento. Sigue alocado". Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.
Seguid hambrientos. Seguid alocados.
Muchísimas gracias a todos".


Texto de la conferencia que dio Steve Jobs, Director Ejecutivo de Apple Computer y Pixar Animation Studios, el 12 de Junio de 2005 en la Ceremonia de Graduación de Stanford.


En la foto (magnífica, según mi punto de vista) aparece Steve Jobs ('Esteban Trabajos', traducido literalmente) en una de sus últimas apariciones públicas.


Steve Jobs falleció en la madrugada del pasado miércoles 5 de octubre de 2011.

La locura del hombre



El hombre está más preocupado por conseguir todos sus placeres que en conocerse interiormente y amarse de forma profunda y sincera. El hombre está más preocupado por ver cumplidas sus fantasías, que en hacer desaparecer el hambre en el mundo. El hombre está más preocupado por robar y rapiñar, que en conseguir encontrar dentro de sí la paz y la serenidad. 

La locura del hombre se basa en sus deseos, no en sus necesidades. Las necesidades tienen que ver con el ahora: comer, vestirse, vivir en una casa digna. La necesidad tiene siempre lugar en el momento presente. La necesidad se atiende y punto. Sin embargo los deseos tienen que ver con el futuro, y eso ya es harina de otro costal: “un día querré tener un coche muy caro, o un día querré ser líder de un partido político para ser también un día presidente del gobierno…”. Eso son proyecciones de la mente. Para hacer realidad esas proyecciones, esos deseos, estamos dispuestos a pasar por mil infiernos, o mejor dicho, vamos a hacer pasar a mucha gente por mil infiernos hasta que podamos conseguir todas esas cosas. Porque el deseo es un infierno que nos fabricamos nosotros mismos; un infierno es algo que no acaba nunca porque detrás de un deseo siempre viene otro, y después otro y otro. 

Cuando centramos nuestra vida en la esfera del ‘tener’ lo que hacemos es alejarnos de nuestro ‘ser’. Por tener, dejamos de ser. Y eso es lo que está ocurriendo ahora. ¿Por qué hay tanto desorden en el mundo? Porque hemos dejado entrar a la locura del tener en nuestras vidas. Ahora todo se valora en términos de tener o no tener. En toda esta propaganda adulterada de esta patraña fabricada llamada que crisis, todo se valora en términos de tener: “Que si Grecia tiene una deuda de...;que el déficit que tiene España es de…”. Todo tiene que ver con el tener. Nadie habla de cómo son de verdad los griegos, nadie habla de cómo somos en verdad los españoles. 

Uno no es lo que tiene, uno es lo que es. Ahora vamos camino de dejar de ser lo que tenemos para por fin ser lo que somos. Y así de paso evitar esta locura. 



En la foto, una tormenta sobre Atenas… y un rayo sobre el Partenón. 


La verdadera alegría





Alguien me recordó que ayer 4 de octubre era la fiesta de San Francisco de Asís. Francisco de Asís. Francesco. Me embriagan su nombre y el aroma de su vida. Algo me ha conectado siempre con este hombre y con su potente figura, creo que les pasa también a más personas. No sabría explicarlo, yo lo que siento cuando pienso en Francesco es el amor de su corazón. El Amor de su Corazón. 

Hace poco una amiga me dijo que Francesco era en realidad un derviche. Habrá que investigarlo. 

Hay un relato muy hermoso sobre Francesco. Parece que un día Francesco habló a Fray León y le dijo: “Hermano León, escribe”. Fray León respondió: “Estoy preparado para escribir”. Entonces dijo Francesco: “Escribe cuál es la verdadera alegría. Escribe. Si ahora viniera un mensajero y nos dijera que todos los maestros de París han ingresado en nuestra Orden…Esa no es la verdadera alegría. Si nos dijeran que también han ingresado todos los prelados, obispos y arzobispos junto al Rey de Francia y junto al Rey de Inglaterra…Esa no es la verdadera alegría. Y si nos dijeran que todos mis frailes convirtieron a todos los infieles a la fe… Y si comprobara que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros…Te digo que en todas esas cosas no está la verdadera alegría. ¿Cuál es entonces la verdadera alegría? Esto que te voy a decir es la verdadera alegría: regreso yo de una ciudad un día de noche, es pleno invierno y todo está lleno de barro, el frío es atroz; el agua fría va congelando las extremidades y la túnica, avanzo con dolor inhumano en las piernas y manando sangre de las heridas. Y así envuelto en barro y frío llego a la puerta de un hermano, golpeo con mi mano un largo tiempo y preguntan desde dentro: ¿Quién es? Y yo respondo: Soy el hermano Francesco. Y él dice: Vete, no son horas de andar por los caminos. No insistas, no vas a entrar. Y yo insisto de nuevo y él me responde: Vete, eres un simple y un ignorante, nosotros no te necesitamos. Y yo de nuevo digo: Por el Amor de Dios, recogedme esta noche. Y él responde: No lo haré, vete a otro lugar y pide posada allí. Te digo que si en esa hora tengo paciencia y no me altero, esa es la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del Alma”



En la imagen, una pintura de Giustina de Toni: Hermano Fuego.




El Coche de Miguel





Hace cerca de dos meses, en este mismo blog, en un apunte titulado “Tantas veces soñado” (algo más de veinte apuntes hacia atrás), se hablaba de un encuentro de un grupo de personas (siete de agosto de dos mil once) y se mostraba en ese apunte una foto en la que, aplicando el zoom digital, se podían ver alrededor de noventa naves en un cielo poblado de nubes. Unos días más tarde, sobre el dieciséis de agosto, un amigo me envió un enlace en el que se podía ver a un grupo parecido de naves, sólo que esta vez fueron grabadas en vídeo en la localidad de Carmichael, Sacramento, California, USA.


Dos cosas solamente sobre ese último ‘documento’: he visto seis o siete veces la grabación de vídeo; una de las veces en la que lo miraba caí en la cuenta de esto que ahora os comunico: que si la persona que grabó hubiera dejado la cámara estática (en la grabación se ve que la cámara se está moviendo todo el tiempo, además de movimientos continuos con el zoom adelante y hacia atrás); si la cámara hubiera estado estática, se podría 'ver' un mensaje que han dejado. Ahí hay un mensaje escrito, inscrito. Un mensaje en el cielo. Lo mismo que aparecen mensajes, codificados, en los círculos de las cosechas (Crop circles), aquí el mensaje aparece en la bóveda celeste. Porque si os fijáis, es muy llamativo el baile fino y sutil que se traen las naves durante los quince minutos que dura la grabación. Es algo especial, muy especial. Y una segunda cosa: hace apenas una semana he caído en la cuenta del lugar en el que ha tenido lugar ese avistamiento: Carmichael, en Sacramento. Carmichael, si no me equivoco, en inglés significa “el coche de Miguel”. El Coche de Miguel. El Coche de los Ángeles. Los Coches de los Ángeles. Las Naves Son los Coches de los Ángeles. En Sacramento. Es un Sacramento. Un Sacramento Moderno. El Sacramento de estos tiempos de ahora. Esas formas blancas, consagradas por el Universo, llegadas hasta nosotros de lugares lejanos… ¿Para estar a nuestro lado? ¿Para ayudarnos en esta Transmutación? Pues sí. Formas blancas para comulgar con el Cosmos y participar de él. Hoy también, como por arte de magia, me he encontrado con esto. Son palabras de Jesús de Nazaret. Están en el evangelio de Juan: "En verdad, en verdad os digo que veréis abrirse el cielo y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre” (Juan 1, 51). 

Hoy es día 2 de octubre, fiesta de los Ángeles Custodios. 



En la imagen, una fotografía tomada por el contactado George Adamski, la foto corresponde a una nave nodriza de la que están saliendo otras naves de menor tamaño.