Curación de un ciego





Casi desde que era niño me cansé de que las exégesis y las explicaciones de algunas cosas las hicieran siempre otros; creo que estamos capacitados para hacerlas nosotros mismos, a nadie herimos por ello, a nadie hacemos daño, además de que puede ser un buen ejercicio para tratar de ver un poco más allá del puro texto. No es una cosa que yo haga de forma habitual. Os presento hoy un pasaje del evangelio que me gusta. Dice así: “Llegaron a Betsaida y le llevaron a un ciego, rogándole que lo tocara. Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea, y, poniéndole saliva en sus ojos e imponiéndole las manos, le preguntó: ¿Ves algo? Mirando él, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. De nuevo le puso las manos sobre los ojos, y al mirar se sintió restablecido, vio de lejos y claramente a todos” (Marcos 8, 22-25). 

Me resulta muy curioso que esta sanación Jesús la haya tenido que hacer ‘de dos veces’, cuando en la mayoría de las curaciones parece que todo sucedía ‘a la primera’. Parece como si Jesús hubiera hecho una curación ‘incompleta’. Parece. En una segunda lectura da la sensación (y esto contiene dentro de sí mucho humor) de que Jesús se pasó de potencia de curación y le dio la posibilidad de ver al ciego ‘más de la cuenta’. Me explico. Que ese hombre viera a los hombres como árboles no me parece a mí una deficiencia en la curación, más bien me parece que estaba viendo que los árboles son seres multidimensionales que, ocasionalmente, pueden ser también hombres. Dicho de otra manera: que los hombres somos seres multidimensionales que ocasionalmente, o en paralelo al hecho de estar viviendo encarnados en un cuerpo, también podemos ser árboles; entendido así de esta manera, cuando le pone por segunda vez las manos sobre los ojos, en realidad le está dejando una visión normal, una visión “para que no vea tanto y de forma tan profunda”; que el ciego vea, pero que vea lo que más o menos ve todo el mundo. 

Es posible que la interpretación de este pasaje os choque. Personalmente pienso que casi todo lo narrado sobre Jesús en los evangelios es pura metáfora, por eso las curaciones de Jesús están hablando más que de hechos en sí, de verdades espirituales que han de ser traducidas ¿Traducidas por quién? Por nosotros. Con libertad y, repito, sin herir a nadie. Esa libertad al interpretar nos da una idea muy clara de que no hay una interpretación única, hay tantas interpretaciones como individuos sepan mirarlas con ojos nuevos. 

Una enseñanza que no divierte, no es enseñanza. Una enseñanza donde no se pueda introducir el juego o la ironía, aporta pocas cosas. Una enseñanza es algo vivo que se va renovando a cada segundo que pasa. 





En la foto, los árboles, el sol, la niebla. Esta misma mañana.





15 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta interpretación no está alejada de lo que yo siento. También somos árboles.

Anónimo dijo...

Tal vez, mirar de lejos es ver solamente lo superficial.

Anónimo dijo...

O tal vez mirar de lejos sea ver lo profundo.

Amando Carabias María dijo...

Estoy contigo. Me parece a mí que se han preocupado en exceso de conducirnos por el camino de una sola interpretación y para ello nada mejor que acudir a la lectura evidente, sencilla, inmediata.
¿Pensar, dejarse interpelar por la vida que late en los textos...?
¡¡¡Herejes, herejes, herejes...!!! ¡¡A la hoguera!!

Anónimo dijo...

Nunca había reparado en éste…Siempre he sentido que lo grande de esos pasajes evangélicos es que podamos ir comprendiéndolos y ahondar en su significado más allá de lo que aparentemente relatan. Vamos entendiendo a medida que nuestra conciencia se abre, y ésta, a su vez, se mueve por energías de alta vibración. El enturbiamiento visual que no ha permitido ver en profundidad, quizá ha sido idóneo para evitar la confusión que podía generar. Tal vez esa visión de seres multidimensionales, o de formar parte de un todo no estaba al alcance de su comprensión. Quiero pensar.

Anónimo dijo...

Maravillosa la idea, maravillosa: además de ser mujeres y de ser hombres, somos árboles también. Somos todo. Somos todas las cosas.

Anónimo dijo...

A veces, sólo vemos lo que queremos ver. A veces, vemos más de lo que queremos ver. A veces, sólo se nos permite ver lo que necesitamos ver. A veces, sólo vemos lo que tenemos que ver, eso y nada más, porque no es nuestro momento. Otras veces,siendo nuestro momento, nos gustaría ver sólo lo que queremos, necesitamos, y desearíamos volver a ser ciegos. Otras muchas veces, ver tanto nos produce dolor, nos desconcierta y nos asusta. Entonces podemos ser llamados ciegos, realmente, porque no hay peor ciego, que el que no quiere ver...

Anónimo dijo...

También el ciego ve, sólo que ve de otra manera.

Anónimo dijo...

"-¿Qué quieres que haga por ti?
- Señor, que vea.
- Quiero. Queda limpio".

Anónimo dijo...

Arboles, arboles...
Hace ya mucho tiempo que le estoy dando vueltas alrededor de este subjeto: sabes que tengo este projecto en mi trabajo y siento que hay algo muy profundo ahì pero todavía, aún que sigue leyendo, escuchando, mirando, me encuentro todavía en superficie.
En estos ultimos días hé vuelto a pensar màs sobre ello y de repente sacas este apunte: muchisimas gracias! Puede que esto sea el enlace que me faltaba y no encuentraba. Una sugestión para seguir en mi busqueda y mi trabajo que es de compartir emociones y ideas, algo que siento como una dulce pero también muy seria y maravillosa taréa.
Gracias para la chispa que va a iluminar la nueva mirada hacia estos seres inmensos.

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=AVAinIxM-Cc&feature=fvwrel

Anónimo dijo...

LA CURACIÓN DEL CIEGO DE NACIMIENTO

Juan 9, 1-41

En aquel tiempo Jesús vio al pasar a un hombre ciego de nacimiento, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). Él fue, se lavó y volvió ya viendo. Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?» Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece». Pero él decía: «Soy yo». Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo». Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?» Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» Él respondió: «Que es un profeta». Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos». Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Es que también nosotros somos ciegos?» Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: "Vemos" vuestro pecado permanece».

Anónimo dijo...

¡Ay si por lo menos todos los ciegos vieran árboles!

Anónimo dijo...

Como en la foto, sol que arranca a la niebla de cuajo y nos permite ver.

Anónimo dijo...

Como el sol, nuestro pensamiento se abre a explorar y bucear.