Su amor unido a su justicia




Hace justo ahora tres días, mientras nevaba, llegó un pensamiento, o puede que fuera un discernimiento, sospecho que pudo ser un discernimiento porque llegó con el aroma de algo muy claro y muy nítido, aunque lo más seguro es que fueran imaginaciones mías. Esto es lo que llegó: es posible que Jesús de Nazaret fuera un perfecto meditador o un perfecto contemplativo, que es lo mismo que decir que vivía en su refugio o en su cueva, escondido de las miradas del mundo, orando y meditando, anclando las energías desde la discreción y el anonimato. Ese Jesús retirado, ese Jesús del desierto, habría superado ya todos los enredos del mundo, sus dicotomías, sus disputas, su violencia, su miedo, estaría ya por encima de la pasión, por encima del sexo, casi por encima de la muerte; viviría extasiado en su paz, residiendo ya en la casa de su propio corazón inmaculado. Pero un día alguien llegó hasta él y le habló de lo insoportable que se había vuelto la vida en los pueblos y en las ciudades, debido sobre todo a la opresión por parte de los poderosos. Pasó una noche debatiéndose. No fue una decisión fácil. Dejó su cueva y salió al mundo para intentar transformar la ignorancia, la injusticia, la esclavitud, el hambre y su pobreza, la guerra y su barbarie. Esa noche debatiéndose comprendió que su aislamiento no era incompatible con la acción en el exterior; esa noche comprendió que también su amor había de ir unido a su justicia. 




En la foto, campos blancos. Cuando acabó de nevar.







11 comentarios:

Anónimo dijo...

Cien días en el desierto. Cien días en la ciudad. Todos los días regidos por el corazón que humilde implora.

Anónimo dijo...

¡Cielos, lloved vuestra justicia!
Ábrete tierra.¡Ábrenos!

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=wFiUarMNt8M&feature=player_embedded#!


¡Ciertamente...!

Anónimo dijo...

A veces estamos viviendo en nuestra cueva tan tranquilos, cuando algo del exterior viene a sacudirnos, y nuestra vida cambia.

Anónimo dijo...

Y a veces cuando nuestra vida recibe esa 'sacudida' uno aprende y necesita hacerse cueva. Aprende y se dispone a habitarse en ella esté donde esté y ocurra lo que ocurra.

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=MS1TWxVALEs&feature=related

Anónimo dijo...

Donde dice Jesús de Nazaret podemos sustituirlo por cualquiera de nosotros.

Anónimo dijo...

"La justicia empieza solo cuando la mente es muy clara y cuando hay compasión" (Khishnamurti)

págs. 78,79 (... y si quieres ss)

http://www.jiddu-krishnamurti.net/es/el-libro-de-la-vida/krishnamurti-el-libro-de-la-vida-07

Anónimo dijo...

No es posible el Reino del Amor si no se instaura a la vez el Reino de la Justicia.

Anónimo dijo...

Quien toma conciencia, sale al exterior. Quien de verdad la toma, se aventura a viajar a su interior.

Anónimo dijo...

Muy atrevido puede resultar pensar y reflexionar sobre un ser como Jesús. Si entiendo que en él nos vemos reflejados todos, me resulta más fácil poder hacerlo; querer pensar, llevar mi pensamiento a esa vida que se nos cuenta en el evangelio, retocar lo inculcado, avanzar en comprender... Muchas veces me he preguntado el porqué de la muerte tan temprana de este ser, el porqué de no haber sido más larga su trayectoria terrena entre nosotros. En muchas ocasiones no he entendido ‘ese’ dejarse matar. Hoy, pensando y reflexionando en esto, voy sintiendo una nueva visión que me llena y me emociona.
En el silencio de la cueva y en el encuentro consigo mismo, se escuchó y entendió.
Salir, dar a conocer el Reino, no era sólo dar a conocer el Amor, que también. Dar a conocer el reino era enseñar los cimientos de su construcción. Era, -y puede ser que sobre todo-, mostrar la injusticia que sobre la tierra reinaba. ¿No sería éste, su mensaje más sugerente, más provocativo? ¿No sería de esa forma cómo mejor dejaba señalada la injusticia en este mundo? ¿Y no sería de esa forma, también, cómo reclamaría mejor la necesidad de ésta para instaurar el reino de los cielos? Tal vez dejarse matar, sea el mayor acto de amor; sí, tal vez. Ahora entiendo de otro modo el hermoso mensaje en ese ‘morir por nosotros’.
Y en su inmenso amor se ofreció para abrir nuestros ojos y mover nuestro corazón.
Pienso…, o tal vez no dirijo yo mi pensamiento. Seguro.