Yo soy todo lo contrario



Os presento hoy a un hombre de ochenta años. Un tipo tierno, vivo. Se llama Jesús Lizano. Es poeta. La poesía trabaja en él como trabaja en todos, con la esencia, la consistencia y la insistencia del amor puro, ese amor que se eleva sobre las prohibiciones de la mente. El amor convertido en poema. El poema y el amor, capaces de ver en lo invisible. 

Dejo sueltas las palabras de Jesús Lizano igual que las suelta él: “Tengo una leucemia y me estoy muriendo, pero no estoy triste. He vivido. Ser poeta es ser mensajero de la belleza. Los artistas que no son de verdad buscan premios, galardones, medallas, cargos, sillones de académico... Para el artista auténtico no hay amor propio, no hay vanidad. El artista de verdad vive sólo para su obra, y su obra es para los demás. El artista sabe que no tiene mérito, que es la energía creativa la que le vive. El poder agradece que guardes las formas, la educación, que seas adulador. Yo soy todo lo contrario, no atildo mi indumentaria, no vigilo mi aspecto, olvido cuidarme… Porque yo cuido mucho mi vida interior, y nada la exterior. Al poder le importa la forma, no el fondo; es normal que yo no les guste. ¡Pero que lean mi obra, que la lean! Soy un anarquista poético, no político. Como anarquista poético tengo fe en lo humano, fe en que podemos superar la estructura dominante-dominado, fe en que la ayuda mutua sea nuestra única ley y moral. ¡Basta ya de decir eso de que las ideas están por encima de las vidas! Todos somos compañeros. Mi patria es el mundo y mi familia es la humanidad. Pero advierto: ¡Mi mundo no es de este reino! A veces me preguntan que cómo me he ganado yo la vida… Como soy licenciado en filosofía, impartí clases en un instituto durante unos años. El primer día anuncié a los alumnos: ¡Estáis todos aprobados, venid a clase sólo si queréis!". Y me hice llamar “antiseñor”. El director me conminó a cambiar de actitud. No obedecí y al tercer año dejaron de renovarme el contrato. Entonces me empleé como corrector literario de una editorial. Pero mi necesidad imperiosa de escribir poesía irritaba a mi jefe, que me denunció a su superior. Y volvieron a despedirme. Entonces di a leer mi poesía a una persona, ¡y entendió!; me puso un despachito para mí; a la vez que hacía mi trabajo como corrector, pude seguir escribiendo durante veintidós años. Tuve suerte porque no se puede crear sin tiempo libre, sin libertad de pensar y sentir; por eso la compañera de mi vida ha sido la soledad…y también un gran amor que he tenido. Me gusta hablar de la conquista de la inocencia, no porque nosotros vayamos precisamente a conquistarla, sino porque va ser ella la que nos conquiste a nosotros. ¡Que nos dejemos conquistar por la naturaleza! Y como despedida un pequeño poema: 

El capitán 
no es el capitán, 
es el mar”.




En la foto, Jesús Lizano.




13 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, escribir irrita a los jefes, ellos querrían que una fuera más ignorante, que incluso no tuviera sentimientos, ni sueños, ni vida propia.

Anónimo dijo...

Leyendo a este hombre uno se da cuenta de la poca libertad que nos damos para pensar y sentir.

Anónimo dijo...

Uno mismo como único proyecto, pocos se atreven.

Anónimo dijo...

Un hombre sin ningún poder que sin embargo tiene el poder de decir lo que quiere.

Anónimo dijo...

Dejarse.
Conquistar.
Por la naturaleza.

Anónimo dijo...

En amor se transforma cuanto hacemos
todo lo que tocamos y sentimos,
lo que soñamos y lo que vivimos,
cuando nos vemos, cuando no nos vemos.

Ebrios de amor las alas y los remos
sólo para esas horas existimos,
abrazando los ramos, los racimos,
lo que tenemos, lo que no tenemos.

Saltan las olas, bañan las espumas
y se funden los oros con los plomos
y en la tierra final nos encontramos.

Y así unidas las luces y las brumas,
héroes por lo que somos y no somos,
cantando al mundo por el mundo vamos.

Cantando al Mundo (Jesús Lizano)

Anónimo dijo...

Me gusta este hombre, además habla sabiendo que ya ganó la partida, ya la ganó. Gracias.

Anónimo dijo...

Las palabras nacen del silencio. Una vez dichas, vuelve a estar el silencio. Todo es flujo y reflujo. El fundamento del ser es la expresividad, del silencio a las palabras y de éstas al silencio, no una cosa u otra.

Anónimo dijo...

Dejar a un lado el mundo de la competitividad y conquistar la inocencia. No dejarse ahogar por formas aprendidas e impuestas. Vivir y abrir las ventanas al aire que nos deja respirar. Vida con respeto a uno mismo y coherencia.

Anónimo dijo...

Sea como sea la educación que recibamos, luego nos hemos de autoeducar en la libertad.

Anónimo dijo...

Si queremos tener salud mental con respecto a cómo nos educaron, hemos de ser "todo lo contrario".

Anónimo dijo...

Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un carpintero,
y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.
(Y, después de todo, no soy mas orgulloso que los cimientos desde los
cuales se levanta mi casa.)

Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante.
Si nadie me ve, no me importa,
y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve,
el mas grande de todos los mundos: Yo.
Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptaré con alegría,
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré...
esperaré alegremente también.
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito
y me río de lo que tu llamas disolución
por que conozco la amplitud del tiempo.
"De canto a mi mismo"
W. Whitman

Anónimo dijo...

"Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada."

Ayn Rand (1950)