Aprender a estar enfermo







Mi hijo mayor está hoy con gripe. Está incómodo, enfadado, a ratos protesta, lo veo que se acuesta unos minutos en la cama, más tarde se levanta y se recuesta en el sofá, no encuentra postura, tose, se suena la nariz, bebe, va al baño, vuelve; me sigue pidiendo con urgencia remedios milagrosos, hasta que en un momento dado le digo: “Hijo, igual tu problema es que no sabes estar enfermo. Tienes que aprender a estarlo. Déjate. Abandónate. Incluso disfruta de ese estado. Posiblemente has competido mucho con los demás y sobre todo contigo mismo, y ahora estás agotado. Estar enfermo es aprender a descansar. Descansa. Cuando uno cae enfermo tiene que aprender también a desaparecer del mundo. El mundo sigue latiendo sin nosotros. No te preocupes. No pasa nada porque faltes durante unos días a tus citas. No te tomes la enfermedad como un castigo, tómatelo como unas vacaciones. En la enfermedad es muy importante observarse. Obsérvate profundamente. No quieras huir ni tapar con medicinas algo que está ahí y que tiene que salir. No quieras ser un héroe. Tienes que cuidar de tu cuerpo. Aprende a reconocer que tienes límites. La enfermedad es una valla que te dice que de ahí no puedes pasar, si pasas al otro lado puedes acabar con tu vida en la Tierra. 

La enfermedad no ocurre porque tu cuerpo sea débil y haya fracasado al medirse con el mundo exterior, es justamente todo lo contrario; la enfermedad tiene lugar porque tu cuerpo es fuerte, y la prueba de que es fuerte es que prefiere enfermarse él antes de que tú te mueras. La enfermedad viene para que nos sanemos de algo, nos da esa oportunidad, esa tregua. Cuando se está curando el cuerpo, caemos en la cuenta de cosas que veníamos haciendo mal, por eso cuando el cuerpo se cura, también el alma se sana. La enfermedad te dice siempre que no busques afuera lo que tienes dentro. Enfermar es aprender a estar solo, enfermamos para aprender a amar la soledad. También date cuenta de otra cosa: que toda enfermedad pasa, lo mismo que ha venido, se irá. Estar enfermo es aceptar con todas las consecuencias que estamos inscritos en esto que llamamos ‘naturaleza’, y la naturaleza tiene unos ritmos que a veces no comprendemos del todo. Enfermar es también parte del ciclo natural. 

Hay cosas que nos enferman porque son falsedades que tenemos asumidas, son mentiras que han echado raíces en nuestro interior más profundo; la primera es que pensamos que el cuerpo somos nosotros, y es que nosotros no somos el cuerpo, o no somos tan sólo el cuerpo; si creemos que solamente somos el cuerpo, cuando éste enferma se derrumba toda la realidad y todo nuestro mundo; lo segundo que hacemos equivocadamente es que siempre buscamos el placer y huimos del dolor, no conocemos más que ese binomio, ese binomio nos hace dependientes, esclavos. Y la tercera es que pensamos que somos dueños de la vida y que por eso mismo somos inmortales con respecto al cuerpo, cuando la realidad es que nosotros no tenemos poder alguno y que al morir vivimos una extraordinaria transformación, una transformación para la que hay que estar preparados. Uno de los signos que habla de que una persona está madurando, es cómo se prepara con seriedad y con conciencia para la muerte”. 





En la foto, la sombra de este hijo reflejada en un muro del patio de esta casa.





21 comentarios:

Anónimo dijo...

http://www.laconciencia.org/La_enfermedad_como_camino.pdf



"La enfermedad es la señal de que el ser humano tiene pecado, culpa o defecto; la enfermedad es la réplica del pecado original, a escala microcósmica. Estas definiciones no tienen absolutamente nada que ver con una
idea de castigo sino que sólo pretenden indicar que el ser humano, al participar de la polaridad, participa
también de la culpa, la enfermedad y la muerte. En el momento en que la persona reconoce estos hechos
básicos, dejan de tener connotaciones negativas. Sólo el no querer asumirlos, emitir juicios de valor y luchar contra ellos les dan rango de terribles enemigos.
El ser humano es un enfermo porque le falta la unidad. Las personas totalmente sanas, sin ningún defecto,sólo están en los libros de anatomía..."

Anónimo dijo...

Los que no han aprendido aún a estar enfermos no saben cuidar de otros cuando enferman, piensan que el enfermo en realidad no lo está o que se lo inventa.

Anónimo dijo...

No es fácil dejarse cuidar. No es fácil. Y sin embargo, estamos necesitados de ello.

Anónimo dijo...

Una amiga me ha hecho llegar esta canción. Palabras que Dios nos dirige a cada uno de nosotros, palabras que, ojalá, supiéramos decirnos unos a otros. Hay cientos de ocasiones en las que una persona puede necesitar que alguien le susurre al oído un animoso y cariñoso "levántate y anda, que yo estoy contigo". Hay una Voz más allá de toda voz que lo susurra día y noche en nuestro corazón y en el corazón de la humanidad.

http://www.youtube.com/watch?v=91jgDM45yAg&feature=player_embedded

Anónimo dijo...

Siento que este cuerpo físico tiene, entre otras funciones, la de ser un vehículo a nuestra disposición para vivir experiencias, para aprender de ellas. Aprender en él es adquirir conocimiento, tal vez un conocimiento muy valioso. Por eso, y como en todo aprendizaje importante se requiere tiempo y calma. Necesitamos tiempo para entender y calma para asimilar. Saber escuchar, entender y atender a nuestro cuerpo cuando enferma es un acto inteligente y se precisa seguir los pasos que nos marca, saber bailar en ese ritmo. Cuando queremos acallar rápidamente las señales estamos intentando correr, ir de prisa aprendiendo.¿Qué queda después? Poco aprendido, olvido.
Vivir con actitud de sosiego y calma en esos momentos, seguramente conllevará recolocar adecuadamente unas energías que con impaciencia y prisa no activan el buen aprendizaje.
No estoy diciendo que seamos masoquistas, no; pero sí que dejemos a la naturaleza actuar en su tiempo, a su modo, que nos dejemos llevar por la sabiduría que contiene.

Anónimo dijo...

La enfermedad, aunque a veces nos cueste entenderlo, es sabiduría que nos visita.

Anónimo dijo...

Nacer las veces que sea necesario. Nacemos a lo nuevo y morimos a lo viejo. Necesitamos saber que todo es constante movimiento, y que nada dura para siempre. Tampoco lo malo. A veces nos asiste la impaciencia, el egoísmo y la soberbia, pera poco o nada se puede hacer cuando se entra en un proceso. Es necesario dejar que se lleve a cabo. Que el círculo se complete, porque tendrá una finalidad concreta, precisa, nada está dejado al azar. No lo olvidemos. La enfermedad no es más que un indicativo de que estamos vivos, de que somos frágiles y de nuestra propia inconsistencia. No damos el valor necesario a la salud, sólo se lo otorgamos cuando nos abandona. Posiblemente esa enfermedad lleva aparejada un proceso de renovación. En esa renovación somos otros, somos distintos, hemos muerto a lo viejo, es el fin para que exista otro principio.

Anónimo dijo...

"En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo compasión, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.

La lepra no es otra cosa que nuestra impureza. A un estado puro se nos está llevando. ¿Quieres?

Anónimo dijo...

Nuestra socidad basada en el hedonismo y en el placer, olvida, dispone de medios para ello, los comportamientos de responsabildad que se nos plantean ante la enfermedad. Acallamos rapidamente el sintoma con los remedios, y en ese momento lo que hacemos con eso, es silenciar nuestra responsabilidad, casi acallar esa voz que nos avisa. Curiosamente, estamos tan acostumbrados que no somos ni conscientes de ello.

Anónimo dijo...

El que está sano da muy buenos consejos al que está enfermo, hasta que le toca a él, entonces comprueba que eso que le había dicho era nada más que palabrería.

Anónimo dijo...

Hay una gran enfermedad que padecemos y que está siempre latente en nosotros: nuestra ignorancia... de la cual la mayoría de las veces no queremos salir.

Anónimo dijo...

Otra gran enfermedad es la soberbia, ésa es la que de verdad impide nuestra verdadera transformación.

Anónimo dijo...

La enfermedad nos habla. Escuchar y aprender a descifrar ese lenguaje es comenzar a responsabilizarnos con nuestra existencia.

Anónimo dijo...

Cuando un individuo enferma, tan sólo es la prueba visible de la enfermedad de toda la sociedad. Y al revés, la enfermedad de toda la sociedad es la suma de los individuos que están enfermos.

Anónimo dijo...

A veces tenemos que aportar información dura para que la gente 'reaccione'. Vivimos en la enfermedad de la comodidad. Nos sabe mal decir las cosas claro y alto.

Anónimo dijo...

Veo la imagen que se proyecta y veo una cruz. La palabra cruz la tenemos unida a sufrimiento y eludimos el sufrir a toda costa. Pero una cruz es también un cambio de posición. La cruz es un recorrido horizontal que es atravesado por una verticalidad, algo que invita a mirar hacia lo elevado. Vemos la enfermedad como una cruz de dolor y quizás esconde una invitación a realizar un cambio de posición, un cambio precisamente para dejar de sufrir.

Anónimo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo. La enfermedad es una cruz que nos saca de la tierra para elevarnos hacia el cielo.

Anónimo dijo...

Muchas enfermedades del alma tienden a ser enfermedades del cuerpo. Siempre hay un proceso vital que hay que atravesar. Atendamos al alma. Atendámosla.

Anónimo dijo...

El resucitado mantiene las llagas del crucificado.

Anónimo dijo...

Hay tres médicos muy buenos, me gustaría recomendároslos; el primero es el doctor dieta; el segundo es el doctor descanso; el tercero es el doctor alegría. Hay otro doctor a punto de licenciarse y que ejercerá pronto, se llama el doctor buenos pensamientos, primo por cierto de otro doctor famoso, el doctor buenos sentimientos, éste está casado con una enfermera llamada bondad, una verdadera joya.

Anónimo dijo...

Pues aunque sea festivo creo que atienden siempre. Voy a llamar a pedir consulta. Gracias.