Tan pronto como hube dicho esta plegaria




Hace unos días estaba pensando en la manera en la que el ser humano contempla las cosas y cómo eso que llamamos “yo-persona-personalidad” tiene que detenerse para que podamos sentir la fusión con una realidad mayor. De pronto me encontré con este bello texto de Thomas Merton, en él cuenta que una vez realizó una plegaria, parece que en medio de la duda y de la desesperación, y lo que vino después: 

-“Por favor, ayúdame. ¿Qué voy a hacer? No puedo continuar así”. De repente, tan pronto como hube dicho esta plegaria, me sentí consciente del bosque, de los árboles, de las colinas oscuras, del viento húmedo de la noche, y luego, más distintamente que cualquiera de estas realidades obvias, en mi imaginación, empecé a oír la gran campana de Gethsemaní tocando en la noche... La campana parecía decirme cuál era mi sitio como si me llamara a casa. 



Thomas Merton, La montaña de los siete círculos. 



Gethsemaní se refiere en este caso al monasterio trapense de Gethsemaní que se encuentra en Trappist, Kentucky, USA, donde Thomas Merton vivió como monje desde 1941 a 1968, año en el que falleció. 




En la foto, la puesta de sol de ayer divisada junto a un sauce, casi bajo sus ramas, unos finos hilos colgantes bañados por el dorado sol de la tarde.





12 comentarios:

Anónimo dijo...

Enmudece el “yo” para dejar paso a una realidad mayor, esa es la vía para trascender siempre y en todo lugar.

Anónimo dijo...

A veces la Trascendencia se quiere instaurar en nuestra vida con tal fuerza que literalmente acribilla nuestro ego con miedo constante y a veces con terror. Cuando ese miedo y ese terror ya han pasado, nos damos cuenta que eran los rayos y los truenos necesarios para que en nosotros pudiera llegar a caer una lluvia de bendiciones.

Anónimo dijo...

El miedo y el terror que se ha de perder es a uno mismo. Cuando esto sucede todo late. Cuando uno pronuncia en su existencia lo que vive con humildad llega la paz. Una inconmesurable paz y de repente se siente vivo. Recién nacido.

Anónimo dijo...

En nuestro paraíso interior, que existe y que es real, el "yo" tiene un oficio muy parecido a un oficio que conocemos: el de enterrador. Es el que se dedica a enterrar toda esperanza de transformación.

Anónimo dijo...

La plegaria somos nosotros mismos.

Anónimo dijo...

CONFIANZA
DEL LIBRO PENSAMIENTOS DE LA SOLEDAD (1958)

Señor, Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy.
No conozco el camino que hay ante mí.
No tengo seguridad de dónde acaba.
No me conozco realmente,
y el hecho de que crea que cumplo tu voluntad
no significa que realmente lo haga.
Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente.
Y espero no hacer nunca nada aparte de ese deseo.
Y sé que si hago eso, tú me guiarás por el sendero recto,
aunque yo no lo sepa.
Por eso, siempre confiaré en ti
aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte.
No temeré, pues tú estás siempre conmigo,
y no me dejarás que me enfrente solo a mis enemigos.

Anónimo dijo...

Esa realidad mayor presente en los árboles, y en ese árbol.

Anónimo dijo...

Hay veces,en un instante..mires donde mires.. solo hay belleza.

Anónimo dijo...

PARA CANTAR BAJITO EN TIEMPOS OSCUROS...

Cuando la noche llegue con prisa
Y no esté lista tu alma
Para la oscuridad,
Pídele al sol que te vista de risa
Y derrame a tu paso
Toda su claridad.

Cuando el amor se te rompa en las manos
Y no sepas qué hacer con tu sed,
Adivina los sueños
Y acaricia el pasado,
Hasta que hagas llover.

Cuando el silencio forzado
Te abra al secreto más hondo de ti,
Corre al desierto que guarda
El tesoro más grande que podrás descubrir.

Cuando la vida te duela
Y la gente te hiera, no temas seguir,
Piensa que pueden los golpes
Despertar las ganas
De amar y vivir.

Cuanto más hondo cave el dolor,
Más libertad la alegría tendrá
Para hacer su canción.

13 de febrero de 2002.

Anónimo dijo...

“Sólo mediante la percepción de instante en instante, de lo que es verdadero, existe el descubrimiento de lo intemporal, de lo eterno. Sin conocimiento propio no podemos dar con lo eterno. Cuando no nos conocemos a nosotros mismos, lo eterno se vuelve una mera palabra, un símbolo, una especulación, un dogma, una creencia, una ilusión por medio de la cual la mente puede escapar”.

Krishnamurti

Anónimo dijo...

Somos plegaria en ese acto de voluntad buscando, y plegaria más intensa en el acto de abandono y rendimiento ante el no saber, el no entender, el no encontrar. El ego se pierde con la humildad y la mansedumbre y el ser se transforma en oración.

Anónimo dijo...

Simplemente al respirar aire puro y hacerlo de forma consciente, entra Dios en nuestros pulmones.