Cuando éramos recién nacidos




Se trata de una pequeña historia que seguramente algunos ya conocéis, pero que a buen seguro nos va a gustar escucharla de nuevo a todos: la madre entra en la habitación en la que duerme su hijo que ha nacido hace dos días; en ese momento su otro hijo, un niño de cinco años, está asomado a la cunita y le está diciendo al hermano pequeño: “Por favor, tienes que contarme cómo es el cielo y cómo es Dios… ¡Es que estoy empezando a olvidarme…!”

Al mirar al niño que duerme en tu corazón, no haces otra cosa que mirarte a ti mismo, mírate de una forma muy profunda, muy entregada. Mírate en ese espejo que es tu corazón inmaculado, un corazón que, aunque a veces lo veas manchado, permanece puro. Mírate con compasión, mírate con amor. Y mírate con todo el tiempo del mundo, no tengas prisa. Al mirarte limpiarás ese espejo y te limpiarás a ti mismo. Cuando nos miramos de esa manera, recordamos quiénes somos, llegando a saber la raíz de nuestra esencia; conseguimos así borrar del mapa de nuestras memorias todas las programaciones que tanto pesar han producido en nosotros, entonces sabemos  que nuestro destino es amar y vivir en la alegría, así volvemos a sentir a Dios en nuestro corazón de la misma forma en la que lo sentíamos cuando éramos recién nacidos.






He sentido el impulso de poner esta foto para este apunte porque esta ermita me parece realmente una cuna. Es bella y hermosa por demás, tanto en el interior como en el exterior. He conocido ese maravilloso lugar hace justo una semana cuando unos amigos me llevaron a conocerlo. Se trata de la ermita mozárabe de Santa Cecilia, que se encuentra muy cerca del monasterio de Silos, en Burgos, España. Me llama mucho la atención el abombamiento del terreno que hay debajo de ese lugar, pareciera que no solamente hay restos anteriores de algo, parece en realidad como un útero preñado de… ¡Misterio!






21 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bonita la foto, también el apunte.

Anónimo dijo...

Dice Nisargadatta: "Nacer llorando, pero morir riendo".

Anónimo dijo...

Hablar a un niño en la cuna, hablar a un muerto en el ataúd... ¿Decirles lo mismo?

Anónimo dijo...

Llego de un laaargo y profunnndo paseo. Encontré esta publicidad: "Re-nacer es entrenarte en las mejores instalaciones deportivas de BCN".
Re-naces cuando te entre(g)as a esa Mirada blanda y amorosa de tu corazón. Sólo ahí podemos descansar y encontrar el auténtico reposo. Un Corazón que nos mantiene y nos entrena en el ejercicio del Amor. En este amarnos se mece la cuna de nuestra vida. ¿Qué mano mece la cuna?...

También en el paseo llegó un libro que abro ahora para este apunte:

"Dios, en su amor, besa lo finito; el hombre, lo infinito".
- Tagore -

Hombre y Dios besan. Dios y hombre se besan.

Anónimo dijo...

"Dios espera hasta que el hombre se hace niño de nuevo en la sabiduría".

Anónimo dijo...

Amor = Alegría
Alegría no es exactamente sentirse bien; es sentirlo todo..

Anónimo dijo...

Tres veces nos quedamos sin palabras: en el nacimiento, en la muerte y en el amor.

Anónimo dijo...

Veo esa imagen como un túmulo que ha guardado en su interior la tristeza, la pena, las culpas, cargas que pesan en nosotros impuestas por mucha ignorancia. Así es como nos han hecho olvidar a ese niño y a ese corazón limpio que somos. Así es como nos han hecho olvidar también que nacemos a esta existencia para gozar, reír, jugar. Pero no me quedo ahí, no quiero quedarme. Ocultando y sepultando todo eso, veo como se erige la belleza, el juego, la sonrisa. Por encima y coronando ese montículo, en esa ermita, joya dorada escondida, veo niños jugando, tal vez sintiendo realmente la alegría nunca perdida de ser niños. Viviendo y gozando la vida. Imagen sin palabras para guardar en el corazón.

Anónimo dijo...

Yo siento que bajo ese túmulo hay algo que nos podría sorprender mucho, no tanto restos de una antigua civilización, como señales evidentes de una civilización ultratecnológica que está ahí compartiendo con nosotros desde otros planos, quizás tutelando algún proceso. La sensación es que ahí hay algo muy poderoso que aún ha de permanecer en secreto.

Anónimo dijo...

Eso permanece en Silencio y habla desde la humilde quietud. En ese silencio nos arraiga, nos sostiene, nos envuelve de plenitud,nos prepara, nos puja, nos dispone, nos abre y expande. Quietud y silencio que dan equilibrio y estabilidad. Me abandono como esa ermita, escuchando día y noche el silencio de la quietud. La quietud es el movimiento que el alma tiene para expresarse. Hay alma ahí.

Anónimo dijo...

COMO UN NIÑO.

Estamos separados solo en la superficie, en lo más hondo no estamos separados. Únicamente lo está la parte visible; la invisible sigue siendo una.
Los Upanishad dicen: «Aquellos que creen saber, no saben», porque la misma idea de que sabéis no os permite saber. La misma idea de que uno es ignorante os vuelve vulnerables, abiertos. Como un niño, vues­tros ojos están llenos de asombro. Entonces resulta difícil decidir si los pensamientos son vuestros u os llegan del exterior, porque uno ha per­dido todas las amarras. Pero no hay necesidad de preocuparse, porque básicamente la mente es solo una, es la mente universal... llamadla Dios, o en términos jungianos, el «inconsciente colectivo».
Estamos separados sólo en la superficie, en lo más hondo no estamos separados. Únicamente lo está la parte visible; la invisible sigue siendo una. De modo que cuando os relajáis y guardáis silencio y sois más humildes, más infantiles, más inocentes, entonces al principio será difícil ver si esos pensamientos son vuestros, surgen de la nada o alguna otra persona está enviando sus mensajes y vosotros sois los receptores. Pero no vienen de ninguna parte. Proceden del núcleo más hondo de vuestro ser... que también es el núcleo de todos los demás. De forma que un pensamiento realmente original no lleva la firma de nadie. Está simplemente ahí, surge del colectivo, de lo universal, de la única mente... mente con M mayúscula. Y cuando la mente individual, la mente ego, se relaja, la mente universal empieza a anegarla.
Fuente: Día a día, 365 meditaciones para el aquí y el ahora. OSHO

Anónimo dijo...

"Intenta ver tu vida como un paréntesis en la eternidad. Este paréntesis se abre en el momento de tu concepción y se cierra en el instante de tu muerte. El espacio dentro de este paréntesis es tu vida, rodeada de algo que se llama eternidad. Este algo que llamamos eternidad no se experimenta físicamente y, sin embargo, existe de manera misteriosa en el interior de la mente. Hay algo que forma parte integral de nosotros y que es invisible. Llamémoslo mente, pensamiento, conciencia, alma, incluso Louise, si quieres. El nombre que se le dé no importa. El yo invisible, esa parte que no es tu yo sensorial físico, es la parte capaz de contemplar la eternidad. Si aceptas, aun levemente, la idea de eternidad, ésta es real para ti. Si eres capaz de convivir con la idea de eternidad, a ti te corresponde explorar esta idea. Y si te hallas en el punto en que eres capaz de considerar la eternidad o la ausencia de fin al menos por curiosidad, podrás utilizar esta curiosidad para ayudar a dar un propósito a tu vida. Puedes hacerlo de la manera siguiente: recuérdate primero a ti mismo que todo existe por alguna razón, como parte de la inteligencia perfecta que es el universo.
A continuación, aquí y ahora y tengas la edad que tengas, retrocede diez años con el pensamiento y entonces imagínate a ti mismo. Examina lo que pensabas en ese momento, cómo vestías, lo que sentías y a quién admirabas. ¿Cuántas cosas de las que viviste entonces te han llevado a donde estás hoy? Retrocede ahora diez años más en tu mente y ve cómo todas y cada una de las experiencias y los aprendizajes te han llevado al punto siguiente y luego al siguiente, hasta hallarte de nuevo en la actualidad.
Si eres sincero, descubrirás que cada experiencia de tu vida era absolutamente necesaria para conducirte al punto siguiente y luego al siguiente, hasta este mismo momento. Este ejercicio mental es muy útil en el desarrollo de la capacidad de contemplar y meditar. En última instancia, puedes volver a ser un niño en el pensamiento. Verás que las experiencias de la infancia, fueran éstas cuales fuesen, ayudaron a esa personita que fuiste a hacerse mayor y llegar a ser el adulto que eres hoy. No te estoy pidiendo que juzgues, que muestres tu agrado o tu desagrado, que apruebes o desapruebes. Simplemente tienes que ver que cada experiencia te ha llevado a la siguiente y te ha ofrecido algo para seguir o no creciendo. Era necesario que tuvieras esas experiencias, y la prueba de ese punto de vista es que las tuviste. Así de sencillo. ¡Las tuviste! Pasaste luego a la experiencia siguiente y luego a la siguiente, todas.entrelazadas de manera invisible y todas conducentes al ahora. Puedes haber vivido para el sufrimiento o para los resultados, pero tuviste en todo caso esas experiencias y eso nada podrá cambiarlo."
Del libro: Tus zonas mágicas.

(Wayne W. Dyer)

Anónimo dijo...

La Tierra está preñada de cosas buenas.

Anónimo dijo...

No éramos. Somos recién nacidos. Re-cien nacidos cuando actuamos con sencillez, instintivamente desde el corazón. Sólo así reflejamos la esencia de la naturalidad. Nuestra naturaleza es un manantial de eternidad.

Anónimo dijo...

Me gusta leer lo que aporta este blog. Ahora mismo siento el recuerdo de mi infancia y renazco en el juego de las tardes, tardes como esta en las que el sol poniendose, se mezclaba con el frio, y este se olvidaba con los juegos. Inocencia en cada juego y absoluto olvido del mundo. Tocaba jugar y eso era vivir.

Anónimo dijo...

Hay una historia-leyenda que habla de lo oculto bajo ciertas edificaciones, sobre todo ermitas, santuarios ubicados en lugares alejados y poco accesibles.Se dice que bajo esas edificaciones y a modo de tapadera se guardan tesoros antiguos de sabiduria, solamente cercanos a aquel que ha conseguido transformarse en un ser inocente, en un caballero de vestidura blanca. Esa sabiduria hace posible entender sin preguntar, comunicar sin hablar, sentir en la unidad.
‘Leyendas de Paulo Coelho‘

Anónimo dijo...

¿Qué es sentir a Dios en mi corazón…? Sentir la presencia en la esencia que soy.

Anónimo dijo...

Gozas, Señor, jugando al escondite
con el niño escondido aquí en mi centro;
él te busca por fuera y tu estás dentro
y, si está por caer, sales al quite.
Aunque sabes que no vale un ardite,
si no te encuentra, corres a su encuentro
y le susurras; entra, entra dentro
y lo vistes de fiesta en tu convite.
Cuando ese niño juega a ser adulto,
Se oscurece su luz y transparencia,
se esconde en su jardín huyendo oculto
y percibe el rumor de esa tu ausencia.
Tú no estás escondido en el tumulto,
Estás en el rincón de tu presencia.

R.Garcia Pintado.

Anónimo dijo...

SEGUNDA INFANCIA

"La sabiduría es una respuesta, una respuesta fresca al momento; el conocimiento es algo viejo, deteriorado, recolectado. No respondes al momento; traes el pasado, el recuerdo, a ti, y reaccionas a través de él. La sabiduría es una respuesta, y el conocimiento, una reacción. Tú ya tienes la respuesta; pero una respuesta preparada antes de que surja la pregunta no es sabiduría. Un niño es sabio porque carece de conocimiento. Tiene que mirar a su alrededor, tiene que sentir, tiene que pensar, tiene que responder: no sabe.
Se dice (es un mito cristiano) que, cuando Jesús llegó al mar, éste se transformó en vino rojo. Los teólogos cristianos han intentado explicarlo: ¿cómo puede el mar transformarse en vino rojo? Han tenido muchas dificultades, se han confundido, y todavía no han encontrado respuesta alguna. Pero un niño pequeño halló la respuesta, y ese niñito fue lord Byron, quien más tarde se hizo famoso como un gran poeta. Era un niño pequeño que iba a la escuela cuando se planteó la pregunta: ¿Por qué y cómo se transformó el mar en vino rojo cuando Jesús llegó hasta él? La respuesta estaba lista, preparada; ya había sido enseñada. Todos los otros niños empezaron a escribir sus respuestas; sólo lord Byron esperó con los ojos cerrados. La maestra se le acercó muchas veces, pero él estaba tan meditativo que creyó mejor no molestarlo: estaba pensando mucho.
¿Y en qué puede pensar un niño? Porque siempre se piensa en lo conocido. Si sabes, puedes pensar. Si no sabes, ¿qué puedes pensar? ¿Qué estaba haciendo? Únicamente es posible pensar cuando sabes algo; entonces, puedes pensar. Pero, si no sabes, no sabes. El niño estaba sentado en silencio, pero se veía tan hermoso. Finalmente, escribió una sola oración, y era la siguiente: "Al ver que el Señor ha llegado, al mar le dio vergüenza y se puso colorado." Cuando Jesús llegó ("... el Señor ha llegado..."), el mar, al ver que el Señor había llegado, se puso tímido, como una niña. Había llegado el amado, y esa timidez se encontraba en la cara del mar. Sólo un chico puede responder de ese modo, porque no sabe la respuesta. Pero esto es hermoso; todos los teólogos son, al lado de este niño, simplemente tontos. Él dijo lo correcto; lo explicó todo."


"El Dios de todos"

(Osho)

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=dGKqS0nubh0

Anónimo dijo...

Por momentos creo que Dios es un niño jugando y que
en cada cada alma, en cada existencia...Dios explora el Sí mismo de Dios.