Ese soplo de viento




Hace unos tres meses me encontré de forma fortuita con una amiga que durante los dos últimos años ha estado viviendo en la India. Sus viajes a ese país se remontan a varios años atrás y tienen que ver con una intensa búsqueda espiritual. Creo que se trata de una búsqueda sincera, sin ninguna pose, una búsqueda que conlleva una gran claridad mental para poder dejar atrás todo un mundo como el nuestro que ya no le vale, por más que le dé el sustento material necesario. Me dijo que ha viajado en todo este tiempo como tres o cuatro veces entre la India y España, y que estos viajes han tenido que ver con temas como arreglar el pasaporte, visitar a su madre que ya es muy mayor, y sobre todo comparar aquella vida de allí y ésta de aquí. Según ella hay una diferencia muy clara entre vivir en España y vivir en la India: “Aquí estamos fuera de Dios, o cuando menos entramos y salimos. Allí están siempre dentro, todo el tiempo, siempre en Dios, en su íntimo corazón. Aquí hay que hacer esfuerzos si queremos meditar, con el yoga y con un montón de cosas más relativas al espíritu; allí no, allí es todo mucho más natural. Aquí todos los rituales son lentos y pesados, allí es al contrario, en cinco minutos te montan un altar en la calle con todo lo que eso significa, y no tanto por el significado formal sino por la energía que eso desprende”.  Y me dijo que no mitificaba para nada aquella vida, que allí también hay malos rollos y gente antipática y mucho caos social, pero que destacaría por encima de todo que allí no hay que hacer casi ningún esfuerzo para conservar el halo espiritual; me dijo que para conservar aquí ese halo espiritual hace falta establecer una especie de lucha. “Aquí las actividades de la vida muchas veces nos distraen de la verdadera vida. Allí Dios puede hablar al corazón del hombre y el hombre puede entender, entender a la primera. Aquí da la sensación de que todavía no incluimos a Dios en nuestras vidas. Aquí sopla el viento y para ese soplo de viento buscamos cien interpretaciones diferentes; allí no, allí ese soplo de viento tiene toda la carga y todo el despliegue de la divinidad. Solamente hay que sentirlo”.





En la foto, el soplo del viento dejó ese cielo gris en medio de los sembrados. Hace unos pocos días.







16 comentarios:

Anónimo dijo...

(1)"A menudo hablas sobre la importancia de estar abierto y receptivo a cualquier cosa que la vida traiga. ¿Qué es la receptividad?
La receptividad es un estado de no-mente. Cuando estás completamente vacío de todo pensamiento, cuando la consciencia no tiene contenido, cuando el espejo no refleja nada, eso es receptividad. La receptividad es la puerta de lo divino. Abandona la mente y sé.
En la mente, estás a kilómetros de ser. Cuanto más piensas menos eres. Cuanto menos piensas, más eres. Y cuando no piensas en absoluto, el ser se afirma en su totalidad.
Receptividad simplemente significa tirar la basura que has estado llevando sobre tu cabeza; y hay mucha basura, completamente inútil. La mente carga con el pasado. Ahora el pasado no tiene ninguna utilidad; ya ha ocurrido y no va a volver a ocurrir nunca, porque en la realidad nunca se repite nada.
Aún cuando pienses o sientas que esta es la misma situación, nunca es la misma. Cada mañana es nueva, y el sol que te encuentras cada mañana es un nuevo sol. No me refiero al sol material. Estoy hablando acerca de la belleza, la bendición que trae cada día; es algo totalmente nuevo.
Si sigues cargando con imágenes del pasado, no serás capaz de ver lo nuevo. Tus ojos estarán cubiertos por tus experiencias, expectativas, y esos ojos no serán capaces de ver lo que está enfrente de ti.
Así es como desaprovechamos la vida: el pasado se convierte en una barrera, te atrapa, te encierra en algo que ya no existe. Te quedas estancado en lo muerto. Y cuanta más experiencia, más madurez tengas, el caparazón de las experiencias muertas se hará más grueso a tu alrededor. Te cierras más y más, poco a poco todas las ventanas, todas las puertas se van cerrando. Entonces existes, pero existes alienado, desarraigado. Entonces no estás en comunión con la vida. No estás en comunión con los árboles, las estrellas y las montañas. No puedes estar en comunión porque te rodea la gran muralla china de tu pasado.

Anónimo dijo...

(2)

Cuando digo vuélvete receptivo, quiero decir que te conviertas en un niño de nuevo.
Recuerda a Jesús, quien decía a sus discípulos; a menos que seáis como niños no podréis entrar en el reino de Dios. Lo que él dice es el significado exacto de receptividad: el niño es receptivo porque no sabe nada, y al no saber nada es receptivo. El viejo no es receptivo porque sabe demasiado, y al saber mucho está cerrado. Tiene que renacer, tiene que morir al pasado y convertirse en un niño de nuevo; no físicamente, por supuesto, pero la consciencia siempre debería ser como la de un niño. No aniñado, recuerda, sino como un niño: adulto, maduro, pero inocente.
Y así es como se aprende, aprende la verdad que se te presenta a cada momento de tu vida; aprende a conocer al Huésped que viene y llama a la puerta a cada momento, día tras día, año tras año. Pero estás tan inmerso en tu conversación interior, en tu propia procesión interior de pensamientos, que no oyes la llamada.
¿Oyes la distante llamada del cuco? ¿Oyes cantar a los pájaros? Esto es receptividad. Es un estado existencia de silencio, silencio total; sin movimiento, nada se agita, y a la vez no estás dormido, estás alerta, absolutamente consciente. Donde el silencio y la consciencia se encuentran, se entremezclan y se vuelven uno, se haya la receptividad. La receptividad es la más importante cualidad religiosa.
Conviértete en un niño. Empieza a funcionar desde el estado de no saber, el silencio y una gran consciencia vendrán por su propia cuenta. Entonces la vida será una bendición".

Discurso 14
"Los Misterios de la Vida".

(Osho)

Anónimo dijo...

Las actividades de la vida nos distraen de la verdadera vida. Muy cierto.

Anónimo dijo...

En algunos lugares el espíritu del ser humano resuena más con el infinito.

Anónimo dijo...

Cuanto más grandes son las evidencias de Dios, más lo mantienen en el misterio.

Anónimo dijo...

No hay nada en la vida que pueda romper la pureza de nuestra alma.

Anónimo dijo...

Tenemos una idea de que Dios es sumamente viejo, cuando en realidad Dios es siempre un recién nacido. Dios no es el que ha reunido mucha experiencia, sino el que se ha despojado de toda experiencia.

Anónimo dijo...

Nosotros somos el altar de la Vida. Cuando esto lo vivamos no nos hará falta ningún maestro, ningún viaje. Nada. Mientras tanto, cada viaje que emprendemos aquí en la Tierra es una celebración del Cielo que somos, si viajamos, claro, en el interior de ese viaje,

Anónimo dijo...

Donde quiera que sea, Dios no se muestra a las claras, sino que es algo que hay que ir adivinando a través de manifestaciones muy sutiles.

Anónimo dijo...

"La Presencia divina se revela no ya simplemente frente a nosotros, junto a nosotros. Ha brotado tan universalmente, nos hallamos de tal modo rodeados y traspasados por ella, que ni nos queda espacio en que caer de rodillas ni siquiera en el fondo de nosotros mismos".

- Teilard de Chardin -

Anónimo dijo...

Todos los que de verdad y de corazón os muestren a Dios, son Dios mismo.

Anónimo dijo...

Creo que es muy cierta esa frase de Voltaire: “Dios es un comediante que actúa para una audiencia demasiado asustada para reír”.

Anónimo dijo...

"Cuando era niño y vivía en la India, sabía que todo eso era cierto. A veces llegaban a nuestra casa ancianos de túnicas blancas y sandalias, y hasta para un muchacho asombrado por la vida, parecían criaturas muy especiales. Estaban completamente en paz; de ellos emanaban la alegría y el amor; parecían no inmutarse ante los altos y bajos de la vida cotidiana. Los llamábamos gurús o consejeros espirituales. Pero tardé mucho tiempo en darme cuenta de que gurú y mago es lo mismo. Todas las sociedades tienen sus maestros, clarividentes y sanadores; gurú era sólo nuestro vocablo para designar a los poseedores de la sabiduría espiritual".

http://www.xn--aaza33-wwa.es/imagenes/igeneral/Libros/5.pdf

Anónimo dijo...

Soy la desnudez que se muestra cuando sopla un fuerte viento; que el fuerte viento no marchite mi esencia, que perfume en bendiciones.

Anónimo dijo...

¿Dónde está entonces el alma? En lo que ama, sin que se dé cuenta.

Anónimo dijo...

Aprende a disfrutar de la calidez de los rayos del sol en el verano, de los rojizos atardeceres y de la alfombra de hojas que nos deja el otoño; goza exponiendo tu mirada en la caida de la nieve o escuchando el soplo del fuerte viento en el invierno; deléitate con la caricia del perfume de la flor que se abre o del cantar del ave que retorna en primavera. ¿No ves la belleza en todas las estaciones? ¿ Percibes la adecuación de todas ellas? La claridad y la alegria del verano, la nostalgia del otoño, la búsqueda del calor interno del invierno, la exuberancia de la primavera..., todas son necesarias. Todas sin excepción conforman el hermoso tapiz en el que asentar nuestra existencia; cada una conlleva el estado adecuado para vibrar, para empujarnos a manifestar en ellas nuestra mejor obra, nuestro Dios que llevamos dentro. Su presencia impregna la vida en cualquiera de ellas.