Las manos que sangran




Voy de viaje. He parado para estirar un poco las piernas. Los campos aquí son llanos, con páramos altos y pocos árboles. Las pequeñas hondonadas que se ven tienen escasa profundidad y están pobladas por juncos de poca altura. Estoy al lado de una viña. Me viene ahora el recuerdo de cuando era niño e iba a las viñas a retirar los sarmientos de la poda, lo que allí en mi tierra se llamaba ‘ir a coger palos’. Allí la viña tiene el nombre de 'majuelo'. Mientras el abuelo o el padre podaban, uno iba cogiendo los palos que quedaban esparcidos alrededor de las cepas y a lo largo de toda la viña. Había que colocarlos debajo del brazo con el corte para un mismo lado, y cuando el brazado se te caía ya de grande, había que buscar una vara larga atravesada, se los dejaba encima de esa vara para que luego el padre o el abuelo los pudieran atar. Era una labor que duraba horas y horas, lo hacíamos durante días enteros. Como imágenes vivas llegan ahora aquellas ásperas y grandes manos de mi padre y de mi abuelo, envueltos en arañazos sangrantes. Casi siempre relaciono esta labor con la Semana Santa, y relaciono también esas manos que sangraban con el costado, las rodillas y los pies sangrantes del cuerpo del Cristo crucificado. "Tomad y bebed que esta es mi sangre. Este es el cáliz de salvación. Haced esto en conmemoración mía". Aunque este trabajo de recoger palos era duro para mí -a ratos puedo decir que muy duro- doy las gracias por haberlo podido hacer pues a cambio vi los cielos más hermosos que uno pueda imaginar, creo que por eso a los doce años comencé ya a hacer fotografías, de alguna manera intuía que ahí había una pintura constante que podía ser captada... ¿Para luego poder ser compartida? Puede ser. El gran pintor de todo nos pone eso delante de los ojos para que miremos y para que, si queremos, lo dejemos registrado. No es tanto la belleza almacenada por puro afán coleccionista, sino vivirlo con intensidad y de paso hacer una crónica viva de esta vida que vamos viviendo. Es hermoso vivir aquí en la Tierra, aunque a ratos la experiencia nos queme por su dureza. Como por arte de magia me he encontrado ahora mismo con este texto de Charles Peguy, un texto que copié a mano en una pequeña libreta hace ahora por lo menos veinte años: “Los antepasados con el pie hábil, los hombres nudosos como vides, enjutos como cepas, delgados como sarmientos, se convirtieron de nuevo en cenizas. Y las mujeres en el lavadero, las mujeres que hacían rodar los grandes y pesados bultos de ropa, las mujeres que lavaban la ropa en el río. Mi abuela que guardaba las vacas, que no sabía leer ni escribir, a la que se lo debo todo… Definitivamente lo más importante es tener cada vez menos”. 




En la foto, una obra de Josep María Subirachs. Monasterio de Montserrat. Barcelona.






21 comentarios:

Anónimo dijo...

El vino que se convertirá en sangre, fruto del trabajo de los hombres.

Anónimo dijo...

No nos librábamos en la Semana Santa, era un duro trabajo. Ahora presentan a los bodegueros modernos como jóvenes triunfadores que trabajan la viña como un pasatiempo de ricos millonarios, antes no, antes era el sustento de la familia, no era un trabajo que querías hacer, era un trabajo que tenías que hacer. Un recuerdo a todos los que nos sangraron las manos.

Anónimo dijo...

Las viñas tan secas, pero este relato contado con tanto cariño y con tanto afecto. Muchas gracias.

Anónimo dijo...

Manos que sangran. Manos abiertas.

Anónimo dijo...

En el silencio de la poda, en la sublime canción de las labores del campo, el lugar en el que muchos espíritus comenzaron a florecer.

Anónimo dijo...

Esos palos que se ataban con una vara larga eran los manojos, que luego se usaban para la lumbre, el calor del invierno en muchos pueblos. El calor que daban esos manojos aliviaban el frío de las manos que tanto sangraban.

Anónimo dijo...

Pisamos las uvas en el lagar de esta vida, y de ahí va saliendo el mosto de la alegría y de la compasión.

Anónimo dijo...

Qué bonita es la expresión "¡Este es el cáliz de mi sangre...!"

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=5wLqdIe7saE&feature=related

Anónimo dijo...

"Sed mi sangre".

Anónimo dijo...

'Lo más importante es tener cada vez menos' y comprendernos cada vez más. Hasta la muerte. Hasta la vida.

Anónimo dijo...

Conservo todavía arañazos de esos de entonces. Ahora los días de lluvia son para mí como días de fiesta, y es que cuando había que ir a coger palos, los días que llovía no íbamos a la labor, esos eran los días que teníamos para jugar porque cuando hacíamos eso éramos niños. Que siga lloviendo, que sigamos jugando, y si escampa volveremos a las labores, pero sólo hasta la hora de la misa... Saludos desde el sur.

Anónimo dijo...

Me uno a esa sangre y solapo mi mano con ella. La uno a muchas otras manos. Manos que sangran...El símbolo es eterno, su eternidad viene manifestada en su permanente influencia sobre el colectivo que rememora, pero esa eternidad, individualmente también tiene un final: el determinado por cada ser humano que despierta y da vida al símbolo, encarnándolo.

Que mis manos hagan gestos que acarician, que hablen al corazón, que alienten, que sostengan, que alguien pueda decir: nunca me diste tanto como cuando me diste tus manos.

Anónimo dijo...

Las imágenes vivas son las que perviven no solamente en la memoria, sino en el interior del corazón.

Anónimo dijo...

Estar abierto significa no querer nada más.

Anónimo dijo...

Así como la lluvia empapa la tierra y no vuelve al cielo vacía, así las manos que se entregan a la Vid. A dar Vid-a. "Yo soy la vid verdadera y vosotros los sarmientos". Somos sus manos. Santas manos.

Anónimo dijo...

...Somos su corazón.

Anónimo dijo...

Corazón inmaculado.

Anónimo dijo...

"No dormirás, aunque permanezcas tumbado durante un millón de años, hasta que hayas abierto la mano y entregado aquello que no te corresponde otorgar o guardar. Puede que pienses que has muerto, pero sera solo un sueño. Puede que pienses que has despertado, pero seguirá siendo solo un sueño. Abre tu mano y dormirás profundamente, luego despertarás profundamente”.

George Mac Donald

Anónimo dijo...

Manos para servir; para amar el corazón.
Dios nos hizo para dar.

Anónimo dijo...

... y para recibir. De Dios estamos hechos.