El vestido de boda




Como fueron quince los años que viví en Madrid, un día decidí ir a visitar la bolsa, la bolsa de valores, algunos periodistas lo llaman ‘el parquet madrileño’, será porque es un lugar resbaladizo en el que te puedes caer y hacerte mucho daño. La verdad es que no pensé mucho en esa visita, fue una intuición que decidí llevar a cabo inmediatamente; el lugar estaba relativamente cerca de la casa en la que yo vivía, así que me fui dando un paseo. Era primavera, igual que ahora. En el rato que estuve allí entendí muchas cosas. Realmente pensé que aquello era una Torre de Babel, un galimatías de señales y signos irreconocibles que llevaban a la confusión total. Si os digo con sinceridad lo que me pareció, diré que una casa de putas, teniendo mucho respeto por las prostitutas, que como ya se nos dijo accederán al Reino antes que nosotros. Recuerdo de ese día los trajes de los ejecutivos, su manera de mirar y de moverse. Los zapatos, se me iba la vista a los zapatos, era como estar viendo el escaparate de una zapatería con el muestrario pasado de moda. No vi arte por ningún lado, lo que vi fue frialdad y deshumanización, vi el robo del alma, de la personalidad. Una hecatombe. Y no pude dejar de recordar el episodio de Jesús entrando en el templo a expulsar a los mercaderes. Sus palabras resonaron entonces muy dentro y ahora si cabe resuenan con más fuerza: "Mi casa es una casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones". Estas sabias palabras traducidas al lenguaje de ahora nos vienen a decir: “El dinero, un instrumento que pudo ser creado como una energía para mover el mundo, ha sido convertido en usura, eso hace que se convierta en beneficio para unos pocos y en esclavitud para la gran mayoría. ¡Iros de una vez del templo! ¡Dejad que la gente viva en paz!”. 

Aún a sabiendas de que los estafadores de Wall Street han destruido nuestra economía, no quiero teorizar sobre las bolsas y sobre el devenir de la actual situación económica, ahora lo que me sale es hacer un análisis ‘interior’, por eso creo que los mercaderes del templo están también dentro de nosotros mismos; los mercaderes son los elementos negativos que hacen que el sol que brilla en nuestra alma se eclipse por el poder del dinero. Y no es tanto el poder del dinero sino el poder que damos al dinero. Nos convertimos en mercaderes cuando hacemos las cosas pensando en un interés personal. Si en la vida vamos persiguiendo el interés particular es imposible que brille el Espíritu. Si Jesús usó un látigo contra los cambistas y prestamistas, nosotros hemos de usar el látigo de la voluntad para expulsar a todo eso que suene a ‘mercado’ en nuestro corazón. Lo que en el pasado no hicimos de forma limpia, ahora toca limpiarlo. Si no tiene lugar esa limpieza será muy difícil dar el paso siguiente. Hay una parábola muy bonita -la parábola del vestido de bodas- que relaciono con todo esto. Hacia el final de la parábola se dice: “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes". No podemos entrar en una dimensión superior si no llevamos la preparación adecuada. Si vibramos muy bajo no podemos pasar al siguiente nivel de conciencia. 

Todo lo que vemos es un reflejo de nuestro interior. En realidad, vemos lo que nosotros llevamos dentro; esto nos hace deducir que todo lo que veremos será todo eso que ahora estamos construyendo dentro de nosotros mismos. 

El dinero representa el poder. Cuando buscamos el poder que viene de fuera, cuando lo buscamos a través de los intereses y de las influencias, en realidad dejamos de ver el inmenso poder oculto que vive en nuestro interior, ese poder interior es el verdadero poder. Al caminar por la vida podemos percibir que hay dos tipos de personas: los que son ellos mismos y los que no lo son; los que no lo son están siempre a merced de otros, a merced del poder de aquellos, de su dinero, de sus caprichos; sin embargo, los que son ellos mismos son capaces de generar luz, fuerza, amor, son columnas talladas que están ahí para sustentar. Los que son ellos mismos nunca son dependientes de nadie. Si eres tú mismo ya no serás como los perros que todo el tiempo esperan de su amo el pan o las caricias. Tú eres para ti mismo el pan y las caricias, tú eres la fe y las montañas, tú eres el sol y el trigo que ha madurado. Tú eres la alegría… ¡La Alegría! 





Tú eres también la rosa que exhala su increíble perfume.





14 comentarios:

Anónimo dijo...

Frank Lloyd Wright, cuya arquitectura admiro, decía: "La ciudad de Nueva York es un gran monumento al poder del dinero y la codicia".

Anónimo dijo...

¡Qué perversión tan brutal del sistema! ¡Verse obligado un país, como por ejemplo ahora España, a comprar dinero! ¡¡¡COMPRAR DINERO!!! ¡¡¡Y tan caro!!!

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=NXaGSWjem4o&feature=player_embedded#!

Anónimo dijo...

Lo que ves con tus ojos y oyes con tus oídos es la realidad; depende de ti como la utilizas. La realidad puede ser dura o blanda, fría o cálida, suave o áspera, tranquila o caótica; la realidad es tal como es.
Podemos maquillarla o inventarnos sueños; podemos aún construir castillos en el aire y vivir en ellos, pero esto no va a cambiar la realidad. Ella es lo que es.
Entonces, hay que trabajar en lo más profundo de la conciencia para cambiar mi manera de percibir esta realidad.
En la medida que acepto las cosas como son, sin fantasías aunque manteniendo una visión futura mejor, soy capaz de encontrar salidas verdaderas y actuar de forma que la realidad se adecue a la necesidad.

Anónimo dijo...

Con el dinero puedes comprar la comida pero no el apetito, puedes comprar la cama pero no el sueño y el descanso, puedes comprar el sexo pero no el amor.

Anónimo dijo...

Donde está el amor no está nunca el poder ni el dinero, pero cuando el dinero y el poder se imponen, el amor desaparece.

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=paH0V6JLxSI#!

"Los que son capaces de ser ellos mismos son capaces de generar luz, amor, son para sí mismos el pan y las caricias, la fe, la montaña, y el trigo que ha madurado. Son la Alegría..."
Voces que traspasan corazones, sentimientos en movimiento, coros de almas entregadas...

Anónimo dijo...

Ponemos muchas pegas al tema deldinero, pero como decía Albert Camus, "es un tipo de esnobismo espiritual lo que hace a la gente pensar que pueden ser felices sin dinero".

Anónimo dijo...

Los mercaderes del templo.
Algo sumamente importante debe significar este pasaje evangélico cuando es el único que refleja una imagen, un momento de violencia de Jesús. Se enoja con la imagen del fariseo interior, del que buscando el acercamiento a Dios, buscando el encuentro con lo más limpio y santo se pierde; tergiversa o destruye esa relación. Los mercaderes del templo pueden ser agentes externos a nosotros mismos en apariencia, pero pienso más bien en nosotros mismos reflejados en otros, nosotros mismos actuando de forma no deseable. En el párrafo del evangelio hablan de los que comerciaban con ‘palomas’. Si transpongo metafóricamente esa imagen, a mi interior llega la imagen del Espíritu Santo (por simbología), vínculo con lo más elevado. No se puede comerciar con el espíritu. Me hace reflexionar este apunte sobre la importancia de estar alerta para no prostituirnos, para no dejarnos cegar por poderes fútiles que aparecen en el camino. En nuestro interior debe habitar la fuerza necesaria para no despistarnos. Nuestro tesoro está en nuestro corazón que ama, y que al amar nos conduce a vivir en libertad, sin dependencia. Ese es nuestro templo, y nuestra voluntad debe revestirse de firmeza para conducirnos a él, a ese habitáculo debemos llegar vestidos adecuadamente para el encuentro. Vestidos y perfumados por el aroma de la pureza.

Hoy, en el día del Espíritu Santo.

Anónimo dijo...

Vestidos y perfumados por el aroma de la pureza.

Anónimo dijo...

El gran sabio llamado Séneca decía: "El mejor límite para el dinero es que no te permita caer en la pobreza ni alejarte mucho de ella".

Anónimo dijo...

Si lo analizamos veremos que muchas veces el problema no es el dinero sino la obsesión por ese dinero.

Anónimo dijo...

"Señor, si tuviera usted, muchísimo tiempo disponible, ¿cómo lo emplearía?".
- Haría exactamente lo que estoy haciendo. Mire, si uno ama lo que hace, entonces tiene en la vida todo el tiempo que necesita, ¿comprende lo que le he dicho? Me ha preguntado lo que haría si tuviera tiempo libre. Como dije, haría lo mismo que estoy haciendo, que consiste en ir a diferentes partes del mundo para hablar, para ver a personas, etcétera. Lo hago porque amo lo que hago, no porque hablar a muchísima gente me haga sentir que soy muy importante. Cuando uno se siente muy importante, no ama lo que hace; se ama a sí mismo y no lo que está haciendo. De modo que debe interesarse no por lo que yo hago, sino por lo que usted va a hacer, ¿comprende? Ya le he contado lo que yo hago, ahora dígame qué piensa hacer usted cuando tenga tiempo libre".

- Krishnamurti -

Seamos libres como la flor que florece. Sólo puedo amar lo que hago cuando amo lo que Soy. Cuando verdaderamente amamos no hay ningún motivo, no utilizamos lo que estamos haciendo para alimentar nuestra propia vanidad.

Anónimo dijo...

Y los días se echaron a caminar.
Y ellos, los días, nos hicieron.
Y así fuimos nacidos nosotros,
los hijos de los días,
los averiguadores,
los buscadores de la vida.

(El Génesis, según los mayas).

Eduardo Galeano