Diego




Hace justo ahora un mes que conocí a Diego. Este es el relato de ese día:

Hoy voy a conocer a Diego. Me levanto de la cama con expectación e incluso con algún nervio. Sus padres me han invitado a conocerlo, lo hicieron la primera vez que me encontré con ellos hace ahora un año.

Hoy es un precioso día de verano, el cielo está azul, todo está limpio y sereno. En poco más de una hora de coche llego al lugar acordado. Diego y su madre me esperan a la sombra en un pequeño patio. Es una casa de pueblo donde la familia pasa el verano. Diego acaba de cumplir catorce años. Le gusta este pequeño lugar alejado de la ciudad. Le apasiona el atletismo, el fútbol, también la bicicleta. Me dice su madre que se le ve un poco preocupado porque no mide el metro ochenta que miden algunos de sus amigos. Él no tendrá altura física, pero tiene altura de otro tipo. Vamos a comprobarlo.

-Diego, ¿es verdad que tienes recuerdos muy antiguos?
-Sí, yo tengo recuerdos de cuando estaba en la cuna.
-Pues sí que son antiguos, pero creo que aún los tienes mucho más antiguos.
-Bueno sí, un poco, ja, ja, ja.
-Luego iremos a esos recuerdos muy antiguos, ahora quería preguntarte por los antiguos sin más. Me han contado que te ocurre algo especial cuando vas al Museo del Prado…
-Bueno nada, es algo relacionado con Diego Velázquez.
-¿Y qué es?
-Me da por comentar sus cuadros. Pero no son cosas que tenga pensadas, surgen cuando estoy allí.
-¿Y qué comentas?
-Bastantes cosas. Por ejemplo en el cuadro de las Meninas el perro que está tumbado en el suelo se pintó al final, no estaba previsto pintarlo, fue un capricho de la infanta; el perro en realidad era mucho más pequeño y más flaco. Otra cosa es el hombre que aparece al fondo junto a la puerta que está abierta, ese es mi amigo Raúl.
-¿Un amigo tuyo de ahora?
-Sí, un amigo mío de ahora y también de entonces… ja,ja,ja. Los señores que aparecen en el espejo en realidad no querían aparecer, no querían que Diego Velázquez los pintara. El adorno del techo, el que está en primer plano, tampoco estaba ahí.
-¿Algo más?
-¿De Diego Velázquez?
-Si.
-El Cuadro de La Fragua de Vulcano no lo pintó él, es que se ve clarísimo, ese cuadro tiene un tipo de color que Diego Velázquez no utilizaba. El cuadro que representa al dios Marte, una figura de un hombre casi desnudo que lleva puesto un casco de guerrear, ese señor era muy soberbio, lo pintó así para que se viera a sí mismo en una actitud humilde. Y en el cuadro de las Lanzas hay partes que no las pintó él.
-¿Y todo eso cómo lo sabes?
-Lo sé, simplemente lo sé.
-Tu madre me dijo hace unos días que le habías visto la energía.
-Se la veo muchas veces, y no sólo a ella.
-¿Y cómo era la energía de tu madre?
-Ese día la tenía “rojonegra”. Le dije: “Déjame tú energía que te la limpio y luego te la devuelvo”.
-¿Y te la dio?
-Sí. Al rato se la devolví limpia.
-¿Ves la energía de otras personas?
-Sí, ocurre con muchos amigos, también con vecinos a los que no conozco de nada.
-¿Hay algunos que tienen su energía...digamos de color oscuro?
-Sí. Algunos la tienen negra.
-Cuando ves eso, ¿qué haces?
-Nada, no hago nada. Yo podría limpiársela y devolvérsela, pero aún soy pequeño para atreverme a hacer ese tipo de cosas, mi madre me dice que no lo haga, que no interfiera en la energía de otros.
-¿La energía es igual en todos los lugares?
-No, hay lugares que tienen energía pura. Por ejemplo en esta casa hay un lugar de energía pura, está aquí en este patio, junto a esos árboles que están ahí cerca.
-Diego, he leído una redacción que presentaste en un concurso en tu instituto y me llama la atención que haces como el relato de una civilización del espacio a la que has pertenecido o a la que perteneces… Y me llama todavía más la atención esta frase en la que dices: “Mi civilización era considerada en todo el universo como singular y perfecta”.
-Sí, así es.
-Diego, ¿tú tienes recuerdo de cómo llegaste aquí?
-Sí, ¿te lo cuento?
-Por favor.
-Yo tengo conciencia de haber venido más de una vez, pero la que mejor recuerdo es esta: llegamos como en un barco muy grande, era un barco que volaba. Nos aproximábamos lentamente como a una playa que era de hierba verde. No era ni de día ni de noche, el cielo estaba oscuro pero se veía bien sin necesidad de luces. De esa barca grande salían luego como pequeños discos voladores. Salían muchos. Yo viajaba en uno de ellos, íbamos tres personas, los otros dos seres que me acompañaban eran altos y espigados, su piel tenía una textura muy especial, casi no puedo describirla… Ah, y otra cosa que quería contarte.
-Dime, dime.
-Los seres oscuros que gobiernan este Planeta están escondidos, no dan la cara, quieren esclavizarnos a todos pero no lo van a conseguir.
-Diego, ¿sabes una cosa?
-Qué.
-Cuando hablas me recuerdas mucho a alguien.
-¿A quién te recuerdo?
-A mí mismo cuando tenía tu edad…
-¿Tú eras igual que yo?
-No era igual, pero en muchas cosas me parecía mucho. Los dos somos bastante extraterrestres, ¿no crees?
-Pues igual sí, ja, ja, ja.


Después de esta conversación comí junto a Diego y su madre. A media comida les dije: “¿Queréis que pidamos una señal para ver si este encuentro está alineado con el bien y con la verdad?”. Los tres convenimos en pedir la señal. No había pasado ni un minuto cuando un amigo de la familia entró en la casa a traer unas bolsas de ropa para unas personas que iban a ir a una boda y que no tenían dinero para comprarse ropa, esa ropa era precisamente para que ellos se pudieran vestir ese día. Cuando el amigo de ellos se fue dijeron Diego y su madre asombrados: “Este amigo nunca viene a esta hora, nunca entra de esta manera y mira para lo que viene, a traer algo para unas personas que lo necesitan…”

Cuando estaba en plena conversación con Diego y con su madre apareció María, la hermana mayor de Diego. María tiene 19 años, adora la música y toca muy bien varios instrumentos. Me contó su madre que hace unos meses, estando conversando las dos juntas, su madre le contaba las dificultades que podrían tener con respecto a un traslado de vivienda que tenían previsto. Entonces María le dijo a su madre: “Mamá, el problema es que tú no cocreas, cocrea y verás que todo sale de la forma como lo quiere tu corazón...”


Hace tiempo que los padres de María y de Diego, de acuerdo con sus hijos, decidieron no ver la tele en casa. Ya no la ven. Y se hizo la paz. Bendita paz y benditos hogares que se atreven a tomar esa sabia decisión.




Aunque tenemos foto de Diego, mejor no la mostramos. Mostramos hoy una que hizo una amiga hace dos días. La foto está hecha por Luisa a los pies de la montaña de la Mujer Muerta, en Segovia, el 17 de agosto de 2012 a las 13:40 horas de la tarde de un caluroso día de verano. Luisa tiene 73 años, un cuerpo ligero y un alma muy joven. Gracias Luisa, la foto es preciosa y viene 'que ni pintada' para ilustrar el relato de hoy.







14 comentarios:

Anónimo dijo...

"Si de veras llegásemos a poder comprender no podríamos juzgar."

(André Malraux)

Anónimo dijo...

Seguro que hay muchos Diegos escondidos que van a ir apareciendo.

Anónimo dijo...

Estamos despertando al futuro.

Anónimo dijo...

Nave con forma de herradura vista en Corea recientemente. Su diámetro es de aproximadamente 1 km:

http://www.youtube.com/watch?v=c8psajyXzU0&feature=player_embedded#!

Anónimo dijo...

Alas de ángeles dándonos en la cara.

Anónimo dijo...

Igual está encarnado para ayudar a construir también aquí una civilización singular y perfecta.

Anónimo dijo...

Por encima de la posible procedencia alien del chico, está su afecto y su amor dispuestos a ayudar a esta humanidad doliente.

Anónimo dijo...

Pienso que igual que Diego, recordando o sin recordar tan claramente, hay muchos seres que nos están ayudando en estos momentos. Estamos despertando y necesitamos reafirmaciones que nos permitan comprender y diferenciar esta más profunda realidad.
Más allá del fenómeno extraordinario del recuerdo, me siento afortunada de aprender de lo que exponen, sobre todo agradezco la coherencia en sus vidas. Su humildad, paciencia, sencillez, aceptación, su capacidad de amar...
Ese es mi mejor aliciente en la mía.
Gracias.

Anónimo dijo...

Donde dije digo digo Diego y digo Dios.

Anónimo dijo...

En los museos se esconden múltiples energías que nos envuelven aunque no podamos verlas. Podemos sentirlas, apreciarlas, y los más afortunados fundirse en ellas. Comunicarse con ellas, ser capaces de descifrarlas. Un pintor vuelca su propia energía, su intención, se entremezcla con su obra hasta formar un todo. Una perfecta simbiosis, alimento perfecto para su alma, para todo alma que se asome al lienzo. Desahogo de temores, recipiente de alegrías.
Este apunte está dedicado a un querido amigo que me ha hecho el honor de mostrarme su última obra. Una obra que verá la luz en unos meses. Agradezco ser depositaria de esta confianza, de esta primicia. No sería la primera vez que me confían una primicia, me siento afortunada por ello.

Te lo dije cuando conversamos en tu estudio: "Me siento muy orgullosa de ser tu amiga. Estoy feliz porque me revelaste tu secreto mejor guardado. ¿Recuerdas nuestras charlas de las tardes? Mira lo que parió la noche..."
No escribo tu nombre, porque perdería toda la magia que debe permanecer aún, en tu caja de Pandora. Deseo que te proporcione satisfacciones. Reconozco tu talento y me inclino ante él.

Perdóname, pero sigo sin entender esta obra que tanto te apasiona...

http://www.google.es/search?q=pinturas+sobre+picasso&hl=es&rlz=1C2RNAN_enES485ES485&prmd=


Anónimo dijo...

Al ir abriéndonos y plegándonos al misterio, vamos comprendiendo ese otro lenguaje, el del corazón; un lenguaje que sincroniza acontecimientos para asegurarnos el entendimiento correcto. Así habla Dios.
Bella y significativa imagen de nave-nube que llega y se solapa a lo largo de todo el cuerpo para despertar, para insuflar aliento, vida...y certeza.

Anónimo dijo...

Sorprendente este muchacho, y a la vez bastante familiar lo que dice.

Anónimo dijo...

Boriska, un niño ruso que dice vivió en Marte en una vida pasada:

http://www.contexto.com.ar/nota/39481/nino-indigo-ruso-dice-que-vivio-en-marte-en-su-vida-pasada.html

Anónimo dijo...

Diego también nos confirma que la vida es eterna.