Lo que vivo en mi interior






Etty Hillesum exclamaba en medio de los horrores en los que vivía: “Te doy las gracias, Dios mío, por hacerme la vida tan hermosa en cualquier lugar en que me encuentre”. 





Etty Hilesum murió en el campo de concentración de Auschwitz a la edad de 30 años. Hay un libro escrito por Paul Lebeau que describe su recorrido vital, lleva como título “Un itinerario espiritual”. Tres años antes de morir escribía en una pequeña habitación de Amsterdam en la que se encontraba en ese momento: “Lo que vivo en mi interior, y que no es únicamente mío, no tengo derecho a guardármelo para mí sola”. 




El otoño recorre los campos arados para la siembra, recorre también las praderas y vive su esplendor en los árboles del río. La foto es de hace unos días.








19 comentarios:

Anónimo dijo...

El agradecimiento aumenta la dulzura del corazón de las personas que deciden agradecer.

Anónimo dijo...

El otoño recorre nuestros campos, ¿arados para la siembra? ... Y vive...

Anónimo dijo...

“Si Dios deja de ayudarme, seré yo quien tenga que ayudar a Dios”.

Etty Hillesum

Anónimo dijo...

Vivo viviendo en mí.

Anónimo dijo...

Ni en diez mil vidas podría agradecer todo lo que han hecho por mí.

Anónimo dijo...

"Hay dos clases de mentes: la mente personal y la mente transpersonal. La mente personal se vive como una isla, separada, comunicándose como puede con otras islas, siempre con miedo de ser invadida, poseída, robada. La mente transpersonal se vive como una parte de un todo, unida con las otras partes, siempre con la alegría de ser contactada, compartir, darse. Una es egoísta, la otra generosa… El individuo aislado, cuando sufre, cree que su sufrimiento lo llena totalmente, de tal modo que lo proyecta en el mundo entero. Es difícil que se consuele. Encerrado en su sentimiento negativo, queriendo que la realidad no sea lo que en verdad es sino lo que el desea que sea, de ninguna manera soportará que un amigo muestre felicidad, lo considerará una ofensa. Recuerdo que en 1954, París, un 14 de julio, fiesta nacional que se celebra con bailes en las calles, yo, de 24 años, mimo y bailarín, había congregado alrededor mío un gran grupo de espectadores, a los que , danzando con euforia, les mostraba mi felicidad de vivir. Interrumpió la alegría general un rabino macilento que con gritos de ira me insultó por esa “gran irresponsabilidad” de mostrarme feliz cuando había tal sufrimiento en el mundo por el exterminio de millones de sus hermanos. Nos lanzó un balde de agua fría, haciendo cesar el jolgorio. Este hombre no cesaba de añadir dolor a su dolor… Cuando se sale de la cárcel del ego y uno se une al universo entero, se respeta el dolor individual pero se le ve como una gota oscura en medio de un océano de luz. El cosmos es una fiesta continua, en él la muerte sólo es transformación, no exterminio. La mejor manera de sostener a un deudo, es rodearlo de energía vital. En el velorio de mi amigo Rolando Toro, creador de la bio-danza, cientos de sus discípulos bailaron alrededor de su ataúd. Cuando murió mi hijo Teo, y yo estaba con el corazón destrozado, mi amigo el fuerte karateka Jean Pierre Vigneau, dejó de impartir sus cursos y durante tres días, sin manifestar ninguna tristeza ni decir palabra, me acompañó, incluso en esas tres noches durmiendo en la alfombra, al lado de mi cama. Nunca comentó nada, nunca me dijo palabras de consuelo, nunca puso cara triste: su fortaleza y su actitud tranquila y silenciosa me permitieron resistir tales momentos. Por todo lo cual te aconsejo no reprimir tu felicidad interior, y que sin ninguna máscara de tristeza, acompañes al o a la que sufre, si es posible tomándolo entre tus brazos para hacerle apoyar una oreja contra tu pecho en la zona del corazón. Así, los dos inmóviles, deja que los latidos de tu corazón le transmitan el éxtasis de la vida".

Alejandro Jodorowsky

Anónimo dijo...

¿Los dos pilares del arte de vivir? Dar gracias por lo que se tiene, dar gracias por lo que se es.

Anónimo dijo...


AMARSE A UNO MISMO (I)


Si no te amas a ti mismo nunca podrás amar a alguien más. Si no eres amable contigo no puedes ser amable con alguien más. Tus supuestos santos que son tan duros con ellos mismos sólo están fingiendo que son amables con otros. No es posible. Es psicológicamente imposible. Si no puedes ser amable contigo, ¿cómo puedes ser amable con otros?

Cualquiera que sea la manera en que estás contigo, estás con los otros. Permite que ello sea una sentencia básica. Si te odias a ti mismo odiarás a otros; y te han enseñado a odiarte. Nunca alguien te ha dicho, “¡Ámate a ti mismo!”. La misma idea parece absurda: ¿amarse uno mismo? La misma idea no tiene sentido; ¿amarse uno mismo? Siempre pensamos que para amar uno necesita a alguien más. Pero si no lo aprendes contigo no podrás practicarlo con otros.

Te han dicho, condicionado constantemente, que tú no tienes ningún valor. Por todas direcciones te han demostrado, te han dicho, que eres indigno, que no eres lo que deberías ser, que no eres aceptado así como eres. Hay muchos 'deberías' que cuelgan sobre tu cabeza, y esos 'deberías' son casi imposibles de satisfacer. Y cuando no puedes satisfacerlos, cuando te quedas corto, te sientes condenado. Un odio profundo surge hacia ti.

¿Cómo puedes amar a otros? Tan lleno de odio, ¿adónde vas a encontrar amor? Entonces sólo finges, sólo demuestras que estás enamorado. En lo profundo tú no estás enamorado de nadie; no puedes estarlo. Esas pretensiones son buenas durante algunos días, luego el color desaparece, entonces la realidad se impone.

Cada enamoramiento está en las rocas. Tarde o temprano, cada enamoramiento se vuelve muy venenoso. ¿Y cómo se vuelve tan venenoso? Ambos fingen que están amando, ambos continúan diciendo que aman. El padre dice que ama al niño; el niño dice que ama al padre. La madre dice que ama a su hija, y la hija sigue diciendo la misma cosa. Los hermanos dicen que se aman. El mundo entero habla de amor, canta sobre el amor… ¿y puedes encontrar algún otro lugar tan carente de amor? No existe ni una pizca de amor; y hay montañas de palabrerías, Himalayas de poesía sobre el amor.

Parece que todas estas poesías son sólo compensaciones. Porque no podemos amar, tenemos de alguna manera que creer por medio de la poesía, el canto, que amamos. Lo que hace falta en la vida lo ponemos en poesía. Lo que seguimos perdiéndonos en la vida, lo ponemos en la película, en la novela. El amor está absolutamente ausente, porque el primer paso no se ha dado aún.

El primer paso es: Acéptate como eres; suelta todos los 'deberías'. ¡No lleves ningún 'debería' en tu corazón! Tú no debes ser alguien diferente; no se espera que hagas algo que no te pertenece. Sólo has de ser tú mismo. Relájate y sólo sé tú mismo. Sé respetuoso con tu individualidad, y ten el valor de plasmar tu propia firma. No sigas copiando las firmas de otros.

Anónimo dijo...

(II)

No se espera que te conviertas en un Jesús o en un Buda o un Ramakrishna; se espera simplemente que te conviertas en ti mismo. Fue bueno que Ramakrishna nunca intentara convertirse en alguien más, así que se convirtió en Ramakrishna. Fue bueno que Jesús nunca intentara convertirse en Abraham o en Moisés, así que se convirtió en Jesús. Es bueno que Buda nunca intentara convertirse en un Patanjali o Krishna; es por eso que llegó a ser un Buda.

Cuando no estás intentando convertirte en alguien más, entonces simplemente te relajas; entonces surge una gracia. Entonces te llenas de grandeza, esplendor, armonía… ¡porque entonces no hay conflicto! ningún lugar a dónde ir, nada por qué luchar; nada que forzar, que imponer sobre ti violentamente. Te vuelves inocente.

Anónimo dijo...

(III)


En esa inocencia sentirás compasión y amor por ti. Te sentirás tan feliz contigo mismo que incluso si Dios viene y golpea a tu puerta y dice: “¿Te gustaría convertirte en alguien diferente?”, tú dirás: “¿Te has vuelto loco? ¡Soy perfecto! Gracias, pero nunca intentes algo similar; soy perfecto como soy”.

Cuando puedes decir a Dios: “Soy perfecto como soy, soy feliz como soy", a esto le llamamos en Oriente shraddha, confianza; entonces te has aceptado a ti mismo y al aceptarte a ti mismo has aceptado a tu creador. Negándote a ti mismo niegas a tu creador.

Si vas a ver una pintura de Picasso y dices: “Esto está mal y eso está mal, y este color debería haber sido de esta manera”, estás negando a Picasso. Cuando dices: “Yo debería ser así”, estás intentando perfeccionar a Dios. Estás diciendo: “Metiste la pata; yo debería haber sido así, ¿y tú me has hecho así?”. Estás intentando perfeccionar a Dios. No es posible. Tu lucha es inútil; estás condenado al fracaso.

Y cuanto más fallas, más odias. Cuanto más fallas, te sientes más condenado. Cuanto más fallas, te sientes más impotente. Y de este odio, impotencia, ¿cómo puede surgir la compasión? La compasión surge cuando estás perfectamente asentado en tu ser. Tú dices: “Sí, así es como soy". No tienes ideales que satisfacer. ¡Y de inmediato la satisfacción empieza a suceder!

Las rosas florecen tan maravillosamente porque no están intentando convertirse en lotos. Y los lotos florecen tan maravillosamente porque no han oído historias de otras flores. Todo en la naturaleza marcha tan maravillosamente en armonía, porque nadie está intentando competir con alguien más, nadie está intentando convertirse en algún otro. Todo es como debe ser.

¡Sólo ve el punto! Sólo sé tú mismo y recuerda que no puedes ser nada más, cualquier cosa que hagas. Todo esfuerzo es vano. Sólo tienes que ser tú mismo.

Existen solamente dos caminos. Uno es: rechazando, tú puedes seguir siendo el mismo; condenando, tú puedes seguir siendo el mismo; o: aceptando, entregándote, gozando, deleitándote, tú puedes ser el mismo. Tu actitud puede ser diferente, pero tú vas a seguir siendo como eres, la persona que eres. Una vez que aceptas, surge la compasión. ¡Y entonces comienzas a aceptar a otros!

Lo has observado: es muy difícil vivir con un santo, muy difícil. Puedes vivir con un pecador; no puedes vivir con un santo porque un santo te condenará continuamente: por sus gestos, por sus ojos, la manera en que te mirará, la manera en que te hablará. Un santo nunca habla contigo; te habla a ti. Él nunca te mira solamente; él tiene siempre algunos ideales en sus ojos, nublando el panorama. Nunca te ve. Él tiene algo a lo lejos y sigue comparándote con ello… y, por supuesto, siempre te quedas corto. Su misma mirada te hace un pecador. Es muy difícil vivir con un santo… porque él no se acepta a sí mismo, ¿cómo puede aceptarte? Él tiene muchas cosas consigo. Notas discordantes de las cuales siente que tiene que ir más allá. Por supuesto, él ve las mismas cosas magnificadas en ti.

Pero para mí sólo es un santo quien se ha aceptado a sí mismo, y en su aceptación ha aceptado al mundo entero. Para mí, ese estado de la mente es lo que se llama santidad: el estado de la aceptación total. Y eso es curativo, terapéutico. El sólo estar con alguien que te acepta totalmente es terapéutico. Te sanará.

Osho, A Sudden Clash of Thunder, charla #8

Anónimo dijo...

“Bendeciré al Señor en todo tiempo”. (Sal 34.1)

Anónimo dijo...

El agradecimiento nos devuelve al amor, nos devuelve el amor.

Anónimo dijo...

Hay "gracias" que sólo pueden brotar de la humildad del verdadero amor.
“No quisiera escribir más
que palabras insertadas orgánicamente en un gran silencio [...] Unas cuantas pinceladas delicadas [...]
y, alrededor, un gran espacio, no un vacío”.

Anónimo dijo...

El que da, que pierda la memoria de lo que ha hecho; pero el que recibe que procure no olvidarse nunca.

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=kAY_c46A5sY

Anónimo dijo...

Un día le dijeron a alguien que conozco que entregara las llaves del coche, ese día su vida cambió para siempre. Le habían declarado una ceguera completa, ya no podría conducir, ni ir al supermercado, ni al colegio a recoger a sus hijos, ni tantas y tantas cosas. Era una persona que no llegaba a los cuarenta años cuando se lo dijeron; lo más curioso es que ya ese día su corazón agradecía, y siempre agradeció. Una lección para todos.

Anónimo dijo...

La obra del silencio

“Yo soy” (Ex 3, 14; Jn 18,5) La obra del silencio.

Ahora no deseas nada: ni ganar, ni lograr, ni adquirir, ni poseer.
Ahora no consumes nada: ni ideas, ni información, ni erudición, ni imágenes ni emociones.
Ahora no estás pendiente de un proyecto, de un programa, ni de expectativas.
Y TU CORAZÓN ES MORADA DE PAZ.

Ahora no sueñas, no recuerdas, no añoras, no fantaseas.
Ahora te despojas de funciones, de representaciones, de disfraces.
Ahora caminas sin compañía de discursos, de doctrinas, de personas, de melodías de danzas.
Y TU CORAZÓN ES MORADA DE PAZ.

Ahora eres contestatario, insumiso a lo establecido, a las opiniones, a los juicios, a las valoraciones, a la tiranía exterior.
Ahora eres sólo dócil a la vibración íntima, al clamor de dentro, a los latidos del Amor.
Ahora no te apropias de nada, no te enganchas a nada, no acaparas, no haces ningún acopio.
Y TU CORAZÓN ES MORADA DE PAZ.

Ahora admites la noche, el otoño, el invierno, las diversas estaciones que la vida te da.
Ahora no huyes, no te escapas de este instante, de este aquí que se vuelve canción al acogerlo.
Ahora no te atas a formas, a enseñanzas, a tradiciones.
Y TU CORAZÓN ES MORADA DE PAZ.

Ahora vives como en un exilio, como en un destierro.
Ahora vives sin ceremonias, sin adornos, sin decoraciones, sin exhibición.
Ahora vives en un desierto de palabras, de pensares, de sentires, de cantares, de estructuras, de referencias.
Y TU CORAZÓN ES MORADA DE PAZ.

Ahora la vida está más allá de lo que dice tu boca, de lo que ven tus ojos, de lo que oyen tus oídos, de lo que percibe tu piel.
Ahora tan solo eres, vives, sin nada, por nada, por el indecible, por el inefable.
Te basta sólo ser.
Ahora todo se ha remansado; te basta ser un caminante, un peregrino, un aventurero de la Resurrección.
Y TU CORAZÓN ES MORADA DE PAZ.

J.F. Moratiel (La Posada del Silencio)

Anónimo dijo...

Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.

Anónimo dijo...

“Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta“

(Sal 91, 5-6).